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Frank Pérez: «En una terraza, bajo una uralita, encontré a un pintor maravilloso»

Este joven se define como un «cazatalentos de El Carmel», su barrio. Patea las cuestas para encontrar a artistas ocultos en el anonimato

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Frank Pérez: «En una terraza, bajo una uralita, encontré a un pintor maravilloso»

ferran nadeu

Hijo de combativos emigrantes de Minas de Riotinto (Huelva), Frank Pérez nació hace 24 años en El Carmel y allí sigue. Ama la vida en esa colina que años atrás tuvo mala fama, pero ya no. No se ve en otro lugar. Por él se ha convertido en un activista social muy singular. Es un cazatalentos del barrio.

-Todo empezó cuando se produjo el hundimiento de El Carmel, el 27 de enero del 2005. Vivía cerca del socavón, en Calderón de la Barca. Recuerdo que entró mi abuela y dijo: «Vámonos de aquí». Parecía una película de acción. Había helicópteros sobre nuestras cabezas, mossos, bomberos, gente en pijama con maletas que corría, tuberías rotas... Aquello encendió de nuevo el movimiento asociativo, que había sido legendario en la época de las barracas. Pero vi que estaba muy dividido y politizado, y yo, desde mi juventud, quise crear un colectivo que no estuviera contaminado de todo eso.

-Una reacción curiosa.

-Como estudiaba el bachillerato artístico y siempre me interesó todo lo relacionado con el arte, pensé en otra forma de trabajar por El Carmel. En las manifestaciones -y fui de la primera a la última- contacté con gente mítica del movimiento asociativo que no había perdido el interés por lo colectivo y creamos Sinatrahem, un círculo artístico políticamente daltónico, sin ánimo de lucro y con un fondo social. Se trataba de recoger las inquietudes artísticas del barrio y permitir su libre expresión sin ningún tipo de bandera.

-Y se lanzó a cazar el talento oculto. ¿Tiene un método?

-Pateo mucho las calles. Me fijo en las plazas, en los bares, en el metro. Investigo a gente que hace cosas. Algunos, a veces, me miran con recelo, porque no hay muchos jóvenes que se dediquen a esto. Pero cuando ven que no persigo ningún interés personal, todo va sobre ruedas.

-Cuénteme uno de sus hallazgos.

-El de un vecino de casi 90 años que tiene un estudio de pintura montado en una terraza cubierta con una uralita. Su situación personal es complicada. Su mujer y una hija están enfermas. Fuimos a ver su obra -que es maravillosa - y nos enteramos de que su ilusión es visitar El Prado antes de morir. No solo publicamos su obra en la revista del barrio, sino que buscamos patrocinadores para poder cumplir su sueño.

-Más ejemplos.

-Presentamos a un grupo de sardanas alcastingde Tú sí que vales.Les hice el vídeo, lo enviamos y fueron a las pruebas. No llegaron, pero lo intentamos. También hemos logrado que el concurso Maria Canals nos deje instalar uno de los pianos en el barrio. ¡El Carmel está lleno de talento! Hay gente que hace cosas increíbles. Tenemos magos, escultores, cantautores, gente que hace ganchillo, mosaicos... El primer domingo de cada mes, los artistas del barrio salen a la plaza Pastrana.

-Oiga, ¿y cómo se financia todo eso?

-Los primeros 2.000 euros salieron de mi bolsillo. Trabajo como dinamizador de Carmel Comerç. Me encargo de las luces de Navidad, de la cabalgata... Luego reclutamos a socios y logramos alguna subvención.

-Pierden dinero, vaya.

-Lo invertimos. Estoy en un proyecto que quizá no tenga un impacto inmediato, pero que a la larga puede aumentar el nivel cultural del barrio.

-Un chico raro, usted. Los de su edad están por otras cosas.

-Para una vida que tienes, prefiero ser criticado por ser singular que no comparado por ser igual.

-¿De dónde ha salido?

-Soy nieto de la modista del barrio y, desde pequeño, siempre estuve involucrado en el movimiento asociativo. A los 13 años, ya iba a los hogares de ancianos apincharmúsica. Luego llevé una banda de tambores... Me encanta ofrecer lo poco que sé a la gente. Por eso me considero activista social más que otra cosa.

-Le llevará mucho tiempo...

-Mucho. Y cada vez es más difícil montar cualquier cosa. Pero, por una persona, luchamos hasta el final.

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-¿Y qué saca exactamente?

-Una satisfacción personal enorme. El arte tiene un gran valor emocional. Y hay que apreciar, más que al resultado artístico, lo que el proceso significa para las personas. Puede que incluso sea su salvación.