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Piratería de libros y contabilidad creativa

Ernest Alós

Las editoriales no han perdido 400 millones de euros por las descargas ilegales lo cuenten como lo cuenten

Las editoriales españolas perdieron durante el año 2012 "entre 350 y 400 millones de euros" a causa de la piratería del libro electrónico, decía ayer el secretario de la Federación de Gremios de Editores de España, Antonio María Ávila. Pues va a ser que no, se cuente como se cuente.

Si en el sector ya existe un claro escepticismo sobre las cifras de ventas ofrecidas por la federación (de entrada, por parte de los mismos editores, que saben cómo rellenan los cuestionarios con que informan de sus cifras a su patronal), las estimaciones sobre el volumen del daño producido por el saqueo de 'e-books' (que es mucho, que quede claro: si se venden más dispositivos lectores que libros para leer en ellos, la conclusión es evidente) entran plenamente dentro del campo de la contabilidad creativa.

Ávila está convencido de que sus cifras son correctas: según sus estadísticas, se descargan ilegalmente 34 millones de páginas al año, y aplicando el precio medio por página de los libros editados en España el importe resultante sería superior a esos 350 millones de euros.

Veamos.

Para empezar, cualquier estimación sobre el volumen del material descargado ilegalmente en España es una mera hipótesis, reconocen incluso las empresas contratadas por las editoriales para combatir el pirateo, como Digimarc Guardian, que a lo sumo se atreven a dar cifras de cuántos libros tienen una copia ilegal en la red. Pero es que incluso si la cifra del tráfico ilegítimo fuese cierta, y que su valor en el mercado fuese el citado, ni así se podría sostener que ese es el importe que dejan de ingresar los editores (y en cascada, los autores, que tienen todo el derecho a decidir si regalan o venden, y en qué condiciones, su trabajo). ¿Cuando alguien se descarga un fichero con 2.000 títulos que no leerá nunca, que en una librería costarían, pongamos, 25.000 euros, está dejando de comprar libros por ese valor? No, rotundamente no.

"Con esos libros tiene para años, hay un facor inhibidor del consumo clarísimo", alega Ávila. Y tanto que hay un factor inhibidor: el otro día, un primo mío al que presto libros regularmente me dijo que a partir de ahora le resultaría más cómodo bajárselos de internet. Le puse mala cara, pero nada... Si la tentación pirata disuade incluso de pedir prestado un libro, ¿cómo no va a hacer que muchas compras no lleguen nunca a realizarse?

Pero, ¿400 millones de euros? Que no. Miremos por un momento las cifras de facturación ofrecidas por  la propia FGEE. En el 2011 se habrían vendido en el mercado español libros por valor de unos 2.770 millones de euros. Y según los propios editores, esta cifra habría caído durante el año 2012 en un 11% aproximadamente. Es decir, pongamos que su descenso de ingresos habrá sido de unos 280 millones de euros. Muchísimo, y las cuentas, y las plantillas, de libreros, editores y distribuidores ya lo están empezando a notar.

Pero si damos por buenas estas cifras, tendríamos que concluir que, si no existiese la piratería, y con esos 350 o 400 millones de euros que se habrían dejado de ingresar únicamente a causa de ella... ¿la venta de libros en España habría aumentado entre 70 y 120 millones de euros? ¿En el 2012? ¿Con seis millones de parados, recortes de sueldos, un aumento del IVA que no ha afectado al libro pero sí a la capacidad de compra de los lectores, la competencia de las muy diversas distracciones digitales? ¿Cuando incluso en los mercados donde el comercio legal del libro electrónico funciona, la cifra de ventas global del sector baja porque el precio medio del libro electrónico es inferior al del libro físico?

A ver. Quizá los 2.770 millones no sean ciertos, o los 350 o 400 millones, o ese descenso de las ventas del 11%. Pero las cifras no salen.

La barra libre de libros es un problemón. Es grave que no exista la sensación de estar cometiendo un robo, como sí lo sería de entrar en una librería y salir de ella con un libro debajo del brazo sin pagar.

Pero cuando parece una batalla perdida hacer consciente al personal de que bajando un libro por la cara se está quitando dinero al autor que se supone que admiras y a su agente y su editor (vale, en según que casos cuesta más hacer que esto suponga un conflicto moral) y enviando al paro o a la quiebra a muchos trabajadores del sector, jugar con cifras defectuososas no ayuda nada.

Porque cada vez que se hincha a lo bruto el globo de los millones perdidos, los primeros en proclamar a los cuatro vientos lo inconsistente de las cifras son los defensores, no siempre desinteresados, de la barra libre. Los que defienden que la culpa es la política de precios altos de las editoriales (incluso cuando las editoriales se han dado cuenta del error y están empezando a modificarla). Y que conste que este no es el caso. Pero mejor no darles más argumentos cuando ya tienen la batalla casi ganada. 

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