20 feb 2020

Ir a contenido

Al gran negocio de las armas en España se le llama amor a la patria

Joan Tardà

"La servidumbre de los gobiernos respecto de la industria del armamento ha sido y sigue siendo tan extraordinaria a lo largo de los años que hoy en día ya se habla de la 'burbuja armamentística'"

El pasado mes de septiembre, el Congreso de los Diputados, gracias a la mayoría absoluta del PP, convalidó un real decreto a través del cual el Ministerio de Defensa podía dotarse de 1.780 millones de euros para poder encarar el pago de las deudas atrasadas contraídas con la industria armamentística.

Efectivamente, desde la década de los años 90 del siglo pasado, los diferentes gobiernos españoles han ido firmando contratos con la industria del armamento que hoy en día alcanzan la cifra de 31.631,8 millones de euros a pagar hasta el año 2025 a partir, sobre todo, del año 2014. Son los llamados Programas Especiales de Armamento (19 programas, en concreto) aprobados por Gobiernos socialistas y Gobiernos del PP. Cabe decir que una buena parte de estos contratos fueron establecidos en época de Aznar cuando el actual ministro Morenés (ligado a empresas de armamento) ocupaba la Secretaría de Estado de Defensa.

En un contexto de recesión económica, de jaque al Estado del bienestar y de renegociación a la baja (en el mejor de los casos) o de imposición de nuevas condiciones laborales y de regresión de derechos sociales, deviene vergonzante que la reducción presupuestaria del Ministerio de Defensa haya sido menor que la de los departamentos de sanidad, servicios sociales, educación o la de los organismos responsables de favorecer la recuperación económica. Ciertamente, el gasto militar en el 2012 fue extraordinario: el presupuesto inicial era de 6.316 millones, a los que hay añadir los 1.780 referidos anteriormente. Habría que sumar, además, los 754 millones que costaron las misiones del Ejército español en el exterior, los 507 aportados por el Ministerio de Industria, etc.

'Burbuja armamentística'

De hecho, la servidumbre de los gobiernos respecto de los grupos económicos del sector industrial del armamento ha sido y sigue siendo tan extraordinaria a lo largo de los años que hoy en día ya se habla de la 'burbuja armamentística'. Eso sí, a diferencia de la 'burbuja inmobiliaria', la militar ni siquiera forma parte del debate del gran fraude que hemos sufrido. En el imaginario de la ciudadanía ni siquiera está presente. Es por ello que el poder político puede permitirse el lujo incluso de pasar por alto (ni siquiera se siente presionado por los medios ni por las movilizaciones populares) a rendir cuentas por estos contratos.

La sociedad no es conocedora, lo que permite al Gobierno evitar (al menos) el debate de su renegociación. De hecho, aún no lo hemos conseguido en sede parlamentaria (el PSOE podría levantar la liebre y no lo hace). Este es nuestro objetivo: que el ministro Morenés comparezca para exigirle la denuncia de los convenios y contratos. Al mismo tiempo, esperamos poder debatir pronto una iniciativa parlamentaria registrada el año pasado (el hecho de estar en el Grupo Mixto dificulta hacerlas aterrizar en el debate con mayor inmediatez) de modificación de la ley orgánica de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera para que en ningún caso el fondo de contingencia de ejecución presupuestaria no pueda ser utilizado para gasto militar, salvo en el caso de que sea necesario emprender una operación militar imprevista que previamente haya sido aprobada por las Cortes y bajo el amparo de una resolución de Naciones Unidas.

Porque, hoy por hoy, desgraciadamente, la legislación les permite hacer la gran trampa: hacer un uso perverso del fondo de contingencia creado con el fin de atender las necesidades que pudieran surgir a lo largo del ejercicio presupuestario para enmascarar el incremento del gasto militar. Lamentablemente, en este ámbito, PP y PSOE coinciden. Solo hay que ver qué hicieron los ministros Alonso y Chacón antes. Y ahora que el socialismo está en la oposición, silencio.

http://in.directe.cat/joan-tarda