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La relación España-Catalunya

Nueva etapa

José Montilla

El camino es el diálogo, no la secesión unilateral ni el retroceso o el mantenimiento del statu quo

Han pasado unos días desde el inicio de una incierta legislatura, con el president Artur Mas investido merced al apoyo de ERC. Desgraciadamente, a pesar de que la complejidad de la situación aconsejaría lo contrario, no parece que abunden los análisis rigurosos para una buena orientación de la gobernanza en Catalunya y en España. En Catalunya, porque los ganadores de las elecciones, el frente independentista formado por CiU y ERC, no son suficientemente conscientes de la dificultad de su agenda. De los problemas derivados de la gestión de la crisis económica, financiera y social que habrán de afrontar sin que los objetivos de ambas fuerzas sean compartidos a pesar del pacto, lo que generará una elevada inestabilidad y una debilidad en las eventuales negociaciones con el Gobierno central. Tampoco son conscientes de los problemas que supondrá implementar su propuesta de referendo. La aparición de nuevos estados en la UE solo es posible de forma pactada. En este caso, con Madrid y con Bruselas. Pensar que la mayoría parlamentaria y social española hoy facilitará ese proceso es equivocarse.

UNA PARTE importante de esa mayoría ha hecho una lectura de los resultados de las elecciones catalanas equivocada. Creen que han ganado la batalla, que el nacionalismo ha sido vencido y Mas derrotado. El Gobierno está tranquilo porque cree tener los instrumentos jurídicos para impedir la consulta. Pondrán toda su energía en fortalecer esos instrumentos. ¿Qué energía pondrán al servicio de un esfuerzo de diálogo y negociación tan necesario como urgente?

No se han percatado de que si bien es cierto que a CiU y a Mas las cosas no les han ido bien, han ganado las elecciones. No han conseguido los objetivos que ellos mismos habían establecido, de ahí su fracaso. Pero lo más importante es que, a diferencia de hace dos años, Catalunya tiene un Parlamento con mayoría de formaciones que llevan la consulta y la independencia en su programa. Esa mayoría tratará de ser consecuente con sus compromisos electorales. Lo hará exacerbando los motivos de queja y protesta -que los hay- para tratar de convencer a la ciudadanía de que no existe otra salida más que la independencia. Su propósito inconfeso es buscar nuevas causas de confrontación que permitan aumentar el sentimiento de animadversión hacia España, convertida en el origen de todos los males. No faltarán Werts para darles argumentos. A la construcción de este frente soberanista se corresponde, en buena entente táctica, un frente nacionalista español que se alimenta de la misma tensión y busca réditos favorables. Cree así que puede eliminar del debate los problemas de la agenda económica. Y espera que su agenda recentralizadora y su concepción unitaria de España queden legitimadas mediante la confrontación territorial. Unos y otros coinciden en su intención de dejar en tierra de nadie al catalanismo federalista representado básicamente por el PSC.

Esta situación nos llevará al bloqueo, a un enquistamiento de los problemas, a un riesgo creciente de fractura social y entre buenos y malos patriotas. La tensión política e institucional, unida a la falta de solución de los problemas sociales y económicos, incrementará la desafección y el descrédito de la política. El camino no es ni la secesión unilateral, ni el retroceso o mantenimiento del statu quo. El camino, el único posible y realista, es el del diálogo y la negociación para cambiar las cosas. Son las propuestas que se puedan hacer desde Catalunya, que puedan encontrar apoyos en España y forzar un debate que nos lleve a una reforma constitucional que, aparte de solucionar otros problemas de carácter más general, solvente el del encaje de Catalunya en España. Existen más condiciones para que esa propuesta de reforma federal de la Constitución se abra camino que hace unos meses. Los problemas de funcionamiento del Estado de las autonomías han aflorado con toda su contundencia. Existe una amplia coincidencia de que un balance positivo de la Constitución no está reñido con el hecho de considerar necesaria su actualización. Y empiezan a aparecer más federalistas en el resto de España. Veámoslo con interés, no con desdén y crítica ramplona. Necesitamos más aliados.

EL SOCIALISMO español, si quiere ser alternativa de Gobierno, tendrá que clarificar su problema de liderazgo y de proyecto. Lo que requiere una propuesta sólida, capaz de explicitar una apuesta para la superación de la crisis distinta de la impuesta por la derecha, pero capaz de ofrecer una solución a la articulación territorial de la España de hoy. Soy consciente de los obstáculos que dificultan el avance hacia una solución federal. La hegemonía política, social y cultural del PP no ayuda. Pero ello no debe cerrar las puertas a toda posibilidad de cambio constitucional. Ni la posición del PP es monolítica, ni los próximos tiempos van a ser todo facilidades para ellos. Estamos ante una nueva etapa.

Expresidente de la Generalitat.