14 ago 2020

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REFLEXIONES POSELECTORALES

Catalunya, donde todo es cierto: una cosa y la contraria

Josep Maria Quintana

"La cuestión del derecho a decidir se ha complicado mucho y se presenta bastante más difícil y más negra que antes de las elecciones del 25-N"

Hablar de las elecciones catalanas dos semanas después de los comicios es aventurado porque... ¿qué no se ha dicho ya? Probablemente se ha dicho todo: del derecho y del revés, una cosa y la contraria. Y, aunque parezca extraño, es muy posible que todas sean verdad. Porque si algo ha puesto de manifiesto en estas elecciones es que todo queda igual que antes, pero también que nada es como era.

¿Una contradicción? Sin duda, pero una contradicción con fundamento, porque si bien es cierto que la suma de soberanistas no ha disminuido, también lo es que estos se han trasvasado de partido, y que, por tanto, el peso de quien tenía que liderar la reforma es mucho más débil que antes, mientras que el peso del partido que se ha visto reforzado por los cambios no ha cogido suficiente vuelo para tomar el liderazgo.

No se equivoca, pues --o no se equivoca necesariamente--, el presidente de la Generalitat en funciones y presidente de CiU, Artur Mas, cuando, en una carta que ha enviado a la militancia, le garantiza que la consulta soberanista se celebrará durante los próximos cuatro años. De hecho, es muy posible que sea así, pero tampoco se equivocaría --o no se equivocaría necesariamente-- si confesara que, a pesar de que el derecho a decidir tenga hoy más fuerza que nunca en el Parlament, la realidad es que la fuerza para hacer que los catalanes la ejerzan, la capacidad de liderazgo para emprender este derecho que, hoy por hoy, no tiene respaldo constitucional y que, por tanto, exigirá de mucha labor previa para llevarlo a cabo, se encuentra francamente debilitada por el resultado de unos comicios que no se han resuelto como Artur Mas y como muchos catalanistas (yo entre ellos) pensaban.

Diálogo difícil

Según Artur Mas, "ahora más que nunca el pueblo catalán tiene que hablar y decidir qué futuro quiere", y tiene razón, pero también la tendría si dijera que, ahora más que antes de las elecciones, la dificultad de diálogo entre unos y los demás (recuérdese que la política es muy cainita y que entre los políticos la generosidad y la grandeza de miras no es moneda común) es --y se irá haciendo-- cada vez más difícil.

Tiene razón, por tanto, Artur Mas cuando dice admonitòriament que "aparquen las interpretaciones [los] que sostengan que el soberanismo se ha derrumbado en estas elecciones y que el derecho a decidir ha quedado liquidado". Tanta razón como cuando admite "las dificultades que entraña iniciar este proceso (...) la gestión diaria y (...) luchar contra la crisis".

Pienso que Artur Mas acierta, pues, cuando reitera su voluntad de que "todos se impliquen en la gobernabilidad de Catalunya", pero también acertaría si reconociera que se encontrará muy solo --seguramente demasiado solo-- para hacer un Gobierno fuerte. Y ello porque la otra gran pata del soberanismo --la que ha salido reforzada de las elecciones a su costa: ERC-- no entrará en el Govern, escaldada por las experiencias anteriores (dos con Jordi Pujol y dos con el tripartito), aunque le ha prometido el apoyo desde el Parlament.

Otras prioridades

Además, tienen razón también los optimistas cuando afirman que el PSC e ICV llevaban en el programa electoral el derecho a decidir, como también tendrían (y quizás aún más) si afirmasen que este derecho no está en primera fila de sus propuestas políticas y que no levantarán una ceja para ponerlo delante de otras prioridades, como la crisis, el paro, etcétera muy difíciles de resolver y superar.

En definitiva, que podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que las elecciones catalanas han servido para definir muy bien cuál es la realidad del país en lo que afecta al "derecho a decidir" (en el que yo creo), pero también podemos proclamar sin temor a equivocarnos que no han resuelto lo que se pretendía resolver en este campo, si es que no acabamos aceptando que, hoy --y esto es lo que a mí me parece--, la cuestión se ha complicado mucho y se presenta bastante más difícil y más negra que hace dos semanas.

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