11 ago 2020

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Los SÁBADOS, CIENCIA

Solidaridad para salvar la ciencia

SALVADOR MACIP

Las colectas pueden ayudar a la investigación catalana, que sufre los mayores recortes conocidos

Mi hijo de 5 años llegó de la escuela el otro día con una nota de su profesora. Nos pregunta si podemos contribuir con alguna lata a una cesta gigante que subastará una oenegé involucrada en financiar proyectos de investigación. No era ninguna fecha especial. En el Reino Unido se hacen todo tipo de colectas para la ciencia a lo largo del año, y de mil maneras diferentes: en escuelas, oficinas, tiendas, por internet... Esta generosidad no es porque el país se haya librado de la crisis, que también la sufrimos, sino que es la consecuencia de un desarrollado espíritu solidario, mucho más extendido en los países anglosajones que, en general, en los mediterráneos.

Son tiempos difíciles para todos y la ciencia no se escapa. Como es de esperar, los gobiernos han recortado, en mayor o menor medida, los presupuestos de investigación. Tendremos que tratar de sobrevivir como podamos hasta que el panorama mejore. Pero hay diferentes maneras de hacer las cosas.

ES ESPECIALMENTE preocupante que los políticos españoles, que controlan el grifo que alimenta a buena parte de los laboratorios catalanes, sean los que más alegremente aplican medidas de austeridad, aparentemente sin preocuparse demasiado de las consecuencias a largo plazo.

Podríamos dar un montón de cifras deprimentes, pero quizá la más significativa es que, en los dos últimos años, el Gobierno central ha reducido un 34% los fondos que destina a I+D. Por si había que añadir más leña al fuego, la inversión de las compañías farmacéuticas en investigación en España ha caído por primera vez en una década, una consecuencia hasta cierto punto previsible de la crisis. No podemos esperar, pues, que el dinero privado cubra, ni siquiera en parte, las graves deficiencias de la nueva financiación pública. De acuerdo con que se debe proteger al máximo la sanidad, la educación y otras áreas esenciales, pero no a costa de decapitar el futuro de la ciencia. Esto es contraproducente para todos. En un país donde hay un buen número de grupos de calidad excepcional, que posiblemente acapararán los pocos medios disponibles si se utilizan criterios puramente de excelencia para repartirlos, lo que ocurrirá es que los científicos que ahora emergen y empiezan a establecer sus grupos de investigación no podrán acceder ni a las migas del pastel. ¿Qué opción les quedará?

Hace poco recibí un tuiteo de un estudiante de ciencias que decía que se deprimía cuando veía el futuro laboral que le esperaba. Le contesté que no se desesperase, porque algún día las cosas cambiarán. Y que, mientras tanto, la opción de salir fuera sigue siendo válida. Esta es la realidad: el país está en plena travesía del desierto y no se vislumbra un final cercano. La consecuencia podría ser perder toda una generación de científicos. La fuga de cerebros de hace unas décadas será solo un ensayo comparado con la que puede venir ahora. El Gobierno no se da cuenta porque, reconozcámoslo, en España la ciencia nunca ha sido prioritaria. Queda demostrado con el hecho de que el Reino Unido tiene 82 científicos con Nobel y España solo dos (y uno de ellos hizo carrera en el extranjero). Me gustaría ser menos negativo, pero los datos no invitan a una previsión demasiado alegre.

Todos podemos contribuir con algún granito de arena a cambiar esta tendencia siguiendo el ejemplo británico. En Catalunya, por ejemplo, tenemos La Marató de TV-3, que este año recoge dinero para luchar contra el cáncer. Permítanme que aproveche las últimas líneas para hacer un publirreportaje, porque creo que es una iniciativa que merece todo nuestro apoyo, sobre todo ahora. No compensará la falta de un sistema de apoyo social constante a la investigación como el que tienen en el Reino Unido, pero su impacto es clave para construir un futuro mejor.

A PESAR DE QUE ninguno de los donativos acabará en mi laboratorio, soy parte interesada en el tema por varias razones. Como investigador, sé que los fondos que recaude La Marató serán un salvavidas que permitirá que sobrevivan una serie de proyectos interesantes en una época de especial incertidumbre para la investigación en nuestro país. Como ciudadano, me interesa la riqueza que la ciencia aportará al país y también avanzar lo más rápidamente posible en el diseño de nuevas terapias contra el cáncer. Y como escritor, estoy metido porque he contribuido al libro de La Marató, que precisamente gira en torno al concepto de solidaridad que citaba al principio. Al honor que representa participar, debo añadir el placer de ver mi texto junto al de nombres consagrados de las letras catalanas como Sebastià Alzamora, Maria Barbal o Josep Maria Fonalleras. Haga un esfuerzo. Compre el libro o el disco y mire TV-3 y envíe lo que pueda en un par de semanas. Es una de las mejores soluciones en estos momentos para ayudar a nuestra ciencia a salir del bache en el que la han metido los políticos. Médico e investigador de la

Universidad de Leicester.