por ALBERTO SAN JUAN
Antes de izquierdas que español

Tarradellas y Suárez, en una imagen de 1979 / periodico
El 15 de noviembre de 1918, en un contexto europeo de fuertes movilizaciones obreras, Alfonso XIII convoca a Francesc Cambó, lider de la formación conservadora y catalanista Lliga regionalista y le dice: "Temo que venga un estallido revolucionario en Catalunya, que los obreros se unan a los soldados". Hay que dar la autonomía a Catalunya inmediatamente. Es preciso que usted vaya a Barcelona enseguida para provocar un movimiento que distraiga a las masas de cualquier propósito revolucionario". Lo cuenta Cambó en sus memorias y lo recoge Joan Garcés en su excelente libro "Soberanos e intervenidos". Días después eran designados dirigentes de todos los partidos políticos para formar una comisión redactora de un estatuto de autonomía. Pablo Iglesias, entre otros socialistas, advirtió a los republicanos catalanes de que si entraban en esa comisión desligaban a Catalunya de la causa de la República (entendida como un proyecto social, de izquierdas). Lluis Companys y otros líderes catalanistas de izquierdas se negaron a formar parte de la comisión, entendiendo que, efectivamente, se trataba de intercambiar autonomía a cambio de aceptar la monarquía y de postergar las luchas populares por una sociedad más justa y democrática.
El 15 de junio de 1977, en las primeras elecciones democráticas después de Franco, socialistas, comunistas y catalanistas republicanos sumaron el 70% de los votos. El presidente Suárez convocó a Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat en el exilio, y le ofreció la autonomía de Catalunya a cambio de liderar una coalición política que respetara los límites previstos al desarrollo democrático y social por las élites que guiaron la Transición. En esta ocasión, a diferencia de la anterior, las siglas de izquierda sí entraron en el pacto.
¿No resulta pavorosamente actual? En un momento en que se dan las condiciones para una revuelta social (que ya ha empezado) en defensa de los derechos humanos básicos (que están destruyendo las elites económicas y políticas), se desata la discusión sobre la independencia de Catalunya y resulta que quienes ocupan mayoritariamente la dialéctica son los nacionalistas catalanes de derechas y los nacionalistas españoles (siempre de derechas). Me declaro absolutamente a favor del derecho a la autodeterminación de todos los pueblos y el derecho a celebrar un referendo sobre la independencia en Catalunya. Pero, si no hay un proyecto de transformación social detrás del espíritu independentista, ¿tan diferente será para un catalán dejar de ser explotado por españoles para seguir siendo explotado por otros catalanes? Alguien de ERC dijo en las últimas autonómicas: "Antes catalán que de izquierdas". ¿Seguro?
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