19 feb 2020

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Tardà: El jaque al Estado social también afecta a la salud alimentaria

Joan Tardà

El azote de la crisis económica que nos han servido y que ahora pagamos con el desguace del Estado del bienestar y la regresión de los derechos sociales conlleva otras derivadas, entre las que figura el deterioro de la salud alimentaria y el consiguiente incremento de las enfermedades provocadas por la obesidad. La salud alimentaria y nutricional de las generaciones presentes y futuras de las clases populares está, pues, en jaque, bien tocada. Y no es casual.

De ahí que el miércoles, en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, los republicanos plantearemos la necesidad urgente de que la administración coja el toro por los cuernos y se enfrente al problema. De una vez por todas, se deben tomar medidas legales sobre la comercialización de los productos alimenticios y reducir la de los que contienen excesivas grasas saturadas, ácidos grasos, azúcar y sal, siguiendo las recomendaciones de la OMS.

Hay que centrar los esfuerzos en la demanda de la aplicación, por ejemplo, de un impuesto a los refrescos y alimentos que tengan este alto contenido de grasas, azúcares y sal para que, acto seguido, se pueda subvencionar con lo que se recaude el acceso a las frutas y las verduras y poner en marcha campañas eficaces a favor de una alimentación sana. En Dinamarca, Finlandia, Francia y otros países ya lo han hecho.

Sobrepeso y obesidad

Ciertamente, todo está relacionado intrínsecamente con la política de subsidios agrícolas, lo que debería obligar a reexaminarla, al menos en lo que afecta a la necesidad de cuidar el suministro de alimentos locales y nutritivos para que sean económicamente accesibles a los consumidores con menos poder adquisitivo.

Y todo ello con urgencia. Los datos son impresionantes y las tendencias aún más: el cambio generacional en los hábitos alimenticios ha hecho que los problemas causados por el sobrepeso y la obesidad pueden equipararse a los causados por el hambre en la medida que derivan hacia otras enfermedades y provocan millones de muertes cada año (1.000 millones de personas con sobrepeso, sobre todo en EEUU y los Estados europeos, incluido el Estado español).

Y aún más en un contexto de recesión porque el precio se convierte en un elemento del todo determinante: la alimentación sana, con la crisis económica y la pérdida de capacidad de compra, se convierte todavía en algo más caro, más inalcanzable.

Los grandes lobis agroalimentarios

No tiene ningún sentido que las políticas agrícolas no contemplen los problemas de salud pública y queden secuestradas por los intereses de la acumulación de beneficios de los grandes lobis del sector agroalimentario que imponen las prácticas de comercialización.

Naciones Unidas ha dejado dicho sobre el derecho a la alimentación que "los Estados tienen el deber de proteger el derecho a una alimentación y dieta adecuadas, reforzando proactivamente su acceso por la población. Claro, hay tantos intereses económicos de por medio. A ver por donde respira el PP el miércoles.

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