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Krystel Nyami: «Supe qué es 'pertenecer a' en Camerún»

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Krystel Nyami: «Supe qué es 'pertenecer a' en Camerún»

RICARD CUGAT

-Cuando hablamos por teléfono me dejó claro que hay muchas maneras de construir y explicar la propia identidad. ¿Usted cómo se define?

-Soy francesa de origen camerunés. Mi padre es de Camerún y mi madre es francesa. Cuando vine a Barcelona conecté, sin quererlo, con las dos partes, la materna y la paterna.

-Vamos por partes.

-Mi padre se fue a los 17 años de Camerún a Francia. Yo tenía 22 cuando llegué a Barcelona.

-Y hasta ese momento era...

-Francesa, como ahora. Pero ¿qué es ser francesa? Desde hace 20 años trabajo como profesora de francés y supongo que más de un alumno, cuando me ve, se sorprende. Con mi apariencia transmito que ser francés es ser muchos físicos, muchas maneras de ser...

-Supongo que en Francia esto ya no se pone en duda.

-Sí y no. Hay colegas franceses que me dicen: 'Está bien que trabajes como profesora de francés porque así muestras la francofonía'.

-Pero usted nació en París.

-Sí, pero por ser de color trabajo la francofonía. Francia ha transmitido una imagen de sociedad multicultural, pero la integración real es ficticia. Es verdad que el concepto de integración tiene que ver con uno mismo. Yo soy francesa, y si el otro no me considera francesa es problema de ese otro, no mío. Es una posición personal.

-¿Su padre no le transmitió nada de sus raíces africanas?

-Él quiso evitar el tema del racismo y habló poco de África.

-¿Cuándo se acerca a Camerún?

-En el 2006. Viajé con mi padre y fue duro. Nunca antes había conectado con el concepto pertenecer a.

-¿A qué se refiere?

-Constantemente me identificaban como la hija de, como una Nyami. Me reconocieron como princesa porque mi abuelo había sido un rey. En África es bastante común.

-¿No sabía que era princesa?

-Sí y no. No sabía qué significaba. Constantemente me tocaban, porque en el pueblo tocar a una princesa da buena suerte. La consigna era seguir caminando y, sobre todo, no mirar a nadie a los ojos.

-Ahí era la blanca, supongo...

-Sí, y mi padre luchaba para decir que era como ellos: igual de negra. La mujer del presidente era mulata. Fue terrible. Me paraban en la calle para preguntarme qué crema utilizaba para aclarar mi piel.

-Fue un encuentro con una cultura que también es su herencia.

-Sí, y el sentimiento de pertenencia me dio mucha fuerza. Vengo de Francia, de una sociedad que es mucho más individualista. En Camerún me di cuenta de que es importante pertenecer a un grupo. Catalunya me recuerda mucho esto. Es importante aquí pertenecer a un grupo para poder conocer cómo son los catalanes.

-No lo había vivido así antes...

-Seguía siendo individualista. Aún tengo el toque...

-¿De parisina?

-De parisina, no tanto. Aquí he aprendido a ser más modesta. He aprendido de la discreción catalana.

-¿Qué cambió cuando regresó?

-En mis clases de francés trabajo con grupos pequeños e intento trabajar la cohesión y crear entre mis alumnos el sentido de pertenencia.

-¿Y a nivel personal?

-Que es importante tener un clan de amigos. Ya lo tenía claro antes, pero lo marqué mucho más.

-¿Y ha regresado a Camerún?

-Me costó dos años asimilar ese viaje, y cuatro normalizarlo. Tener dos culturas enriquece, pero yo empecé con una y ahora me estoy acercando a la otra. Tengo una responsabilidad con Camerún como princesa.

-¿Se siente princesa?

-[Se ríe] No sé si es la palabra, pero sé que tengo una responsabilidad.

-Por cierto, ¿cómo llegó a Barcelona?

-Como chica au pair. Quería aprender castellano durante seis meses, luego me iba a Alemania y a Inglaterra. Pero me quedé y han pasado 20 años. ¿Sabe una cosa?

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-¿Qué?

-A los 26 años descubrí que mis antepasados maternos eran piratas españoles. Supongo que vivir en Barcelona hace que esté en paz con mi parte materna: volví al origen. Ahora tengo que consolidar mi parte paterna.