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Gente corriente

Bernat López: «Me fui a Australia y me dije: 'Qué quiero hacer'»

CATALINA GAYÀ

-En 18 meses, crea una editorial que se llama Cultura Ciclista y sale al mercado con cuatro libros.

-¡He dormido muy poco! Salir con cuatro libros es una declaración de intenciones: 'Esto va en serio'.

-¿Cómo nace la idea?

-En el 2009, tenía un semestre sabático y me fui a Australia, a la Universidad de Western Sydney. Ahí empecé a investigar lo que hasta ese momento había sido mi estilo de vida y una de mis pasiones: el ciclismo.

-Todo empezó en Australia.

-Bueno, ahí me pregunté: ¿Qué quiero hacer? Entre el 2002 y el 2009, trabajé muy duro para montar, desde cero, los estudios de Comunicación en la Universitat Rovira i Virgili (URV). Acabado ese periodo, decidí hacer un reset. Necesitaba alejarme porque estaba muy cansado.

-¿De dónde le viene la adicción a las dos ruedas?

-De mi padre. Él era hijo de la posguerra, y hasta que cumplió 40 años no pudo disfrutar de su afición como practicante. Me contó que cuando era niño, en Murcia, uno de sus parientes pudo comprarse una bicicleta. Él era muy pequeño y no alcanzaba los pedales. Se acordaba de él mismo dando vueltas por un corral caminando y llorando porque no podía montar. Aún hoy me conmueve.

-Y a los 44 años monta una editorial sobre ciclismo de carretera.

-Se puede decir que lo mío empezó como una práctica intensiva; luego hice una inmersión por la cultura, la historia y la leyenda del ciclismo.Ahora tengo un interés teórico e intelectual. En mi actividad académica, he investigado y he publicado artículos sobre ciclismo, desde el punto de vista de la historia sociocultural. Pese a que tenemos grandes ciclistas, es un ámbito poco cultivado en Catalunya y en España.

-De la curiosidad intelectual a montar una editorial...

-La editorial nace porque leí en inglés Un diablo llamado dopaje, de Verner Møller, y me iluminé.

-¿Perdón?

-El autor es un catedrático de Ciencias del Deporte en Dinamarca y hace una crítica al antidopaje. Me pareció que era necesario que un libro así se tradujera al castellano. Lo contacté desde Australia y, en marzo, lo conocí en Dinamarca. Le dije que le traduciría el libro y buscaría editorial.

-¿Y qué pasó?

-Me embarqué de manera suicida a traducir el libro y, en paralelo, busqué editor. Muchas de las editoriales que contacté ni se dignaron a contestarme.

-Y decidió crear su editorial.

-Pensé que era necesario publicar aquí libros que circulan en el mundo anglosajón, francés e italiano. Además, el mundo del libro siempre me ha atraído. Es otra de mis pasiones. En 1990, tuve mi primer contrato laboral en una editorial. Ahí aprendí a parir un libro.

-¿Hay otras editoriales especializadas en ciclismo en castellano?

-Le cuento algo: regresando de Dinamarca, en el aeropuerto compré una revista británica sobre ciclismo, y uno de los reportajes era sobre los 50 mejores libros de ciclismo en inglés… ¿Por qué un país que tiene menos cultura ciclista que España cuenta con 100 libros de ciclismo en el mercado? Aquí hay autores como Sergi López-Egea, Carlos Arribas o Gabriel Pernau que tienen libros excelentes, pero no son excepciones.

- Y veo que los traduce usted.

-Excepto imprimirlos físicamente lo hago todo: los comercializo, los maqueto, los diseño, hago el márketing, la página web… De momento, quiero editar cuatro libros al año. Bueno, este año serán más: antes de Navidad editaremos dos libros más. Uno de ellos es la biografía de Marco Pantani, inédita en castellano.

-¿Y las dos colecciones?

-En la colección Leyenda se publican clásicos o libros de historia. Salimos con un libro de Jean Bobet, que es una reconstrucción del ciclismo de los años 50. Jean era hermano de Louison Bobet, el primer ganador de tres tours de Francia consecutivos. El otro libro de Leyenda es de Charles Terront, con él nos vamos a 1893. ¡Es arqueología del ciclismo!

-Y en Pasión plantea la polémica.

-Sí. La política antidopaje. Verner Møller escribe un libro en el que plantea que tenemos un problema con la política antidopaje. El otro libro, del mismo autor, es sobre el caso de Michael Rasmussen. Son libros incómodos, pero necesarios para el debate público sobre el tema. Yo creo que el dopaje se ha planteado, de manera equivocada, como un problema moral.