Polémica en el transporte

Los peajes, un debate populista

En lugar de replantear el modelo de las autopistas, se nos ocurre subvencionar a los que las usan

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Los peajes, un debate populista

FRANCINA CORTÉS

El Parlament de Catalunya ha aprobado casi por aclamación la creación de un fondo de rescate de peajes, estimado en la bonita suma de 300 millones de euros, financiado con los impuestos que generan los operadores de las autopistas en sus actividades comerciales, para seguir subvencionando a quienes van en coche, sin tocar una coma de los privilegios de los gestores de las concesiones públicas de autopistas y sin arreglar el problema de fondo, que no es otro que un obsoleto modelo de tarificación del uso de las autopistas basado en el lucro y no en la gestión responsable de la movilidad.

La mitad de la red francesa de autopistas es de peaje. En Italia probablemente lo es más de la mitad. En Portugal han convertido los onerosos peajes en la sombra en una red de peaje convencional. En lugar de pagar todos, solo lo hace el usuario de la autopista. Francia, Alemania, Suiza, Austria y la República Checa han implantado la euroviñeta para gestionar mejor la movilidad, es decir, para ser más eficientes en sus economías. La euroviñeta consiste en una tasa que los camiones pagan por circular según la distancia, la capacidad de carga y el nivel ambiental del motor. Quien lo hace bien, paga poco. Quien lo hace mal, paga bastante. El mensaje a los transportistas es claro: ¿quieres pagar poco?; hazlo bien y, por ejemplo, no vuelvas de un transporte con el camión vacío. En Catalunya, casi la mitad de los viajes en camión son de vacío. Los resultados de la aplicación de la euroviñeta son excelentes. Todos estos países apuestan con diferente intensidad por una gestión responsable y sostenible de sus infraestructuras para disminuir los enormes costes externos del transporte por carretera, que en España pueden representar la fabulosa cantidad de 50.000 millones de euros, que pagamos entre todos, no quien los produce .

Y aquí, en este córner de Europa, lo único que parece que se nos ocurre es subvencionar a los que van en coche. Digo que parece, porque hay gente que ha tenido ideas mejores que el Parlament no ha querido escuchar. Estoy hablando del brillante documento de la Associació per a la Promoció del Transport Públic (PTP) que pone negro sobre blanco el problema de los peajes ofreciendo una hoja de ruta para su solución. Tampoco deja de resultar preocupante que la resolución parlamentaria no haga mención de los peajes en la sombra en Catalunya, una auténtica ruina económica del país, o la intención del Govern de privatizar Tabasa, el único peaje de movilidad sostenible, en el que, además de aplicarse criterios de gestión de la demanda (tarifa hora valle/punta, descuentos VAO y descuentos ECO), sus beneficios revierten a la comunidad mejorando el transporte público.

El acuerdo del Parlament perjudica a la eficiencia de la movilidad de Catalunya y, por tanto, a su economía. Se puede demostrar que subvencionar los peajes nos empobrece y va contra los intereses del país. Pero a favor de los de la compañía concesionaria, cuyos beneficios exceden cualquier rango razonable y a la que se le han prorrogado privilegios inauditos.

Sorprende que, cuando no tenemos dinero para pagar los servicios básicos del país, a nuestros ilustres representantes se les pueda ocurrir seguir subvencionando el uso de las autopistas en lugar de, por ejemplo, deshacer el sistema de peajes en la sombra, que es un chollo para las concesionarias, o imponer a estas un nuevo modelo de peaje. ¿Tienen más poder que el Govern de un país que dice que quiere ejercer su soberanía? ¿Quizá los diputados tienen miedo? ¿De quién? ¿De la campaña mediática que se ha organizado ahora por 5.000 personas -la misma cifra de pasajeros de una anónima línea de bus de Transports Municipals de Barcelona que nadie conoce, la 62- que han decidido que no quieren pagar?

Ahora todos los que no quieran pagar los servicios públicos tienen un buen antecedente para montar una campaña. ¿Qué dirá ahora el Parlament si 100.000 personas deciden no pagar el transporte público? ¿Pedirá al Gobierno central que les devuelva el IVA para subvencionar a quien no quiere pagar? Con campañas como No Vull Pagar comenzó Grecia hace dos años el camino de su decadencia y la ruina de sus finanzas públicas, el atajo hacia elmodus vivendide los países africanos.

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Y en el marco de este debate populista se ha llegado a plantear la singular idea de desgravar fiscalmente los peajes. Al igual que la propuesta de la economía sostenible deZapaterode desgravar el transporte público -que no tuvo éxito-, pero al revés. ¿Desgravar el transporte ineficiente en lugar de hacerlo con el eficiente? ¿Y además lo subvencionamos? A ver qué opinan los usuarios de la línea 62 de Barcelona.

La solución al problema de los peajes es implantarlos en toda España, pedir la devolución de las concesiones, de buen grado u obligatoriamente, e implantar un modelo de peaje no para enriquecer a nadie sino para gestionar bien la movilidad. Cuanto antes lo hagamos, antes dejaremos de sufrir. Ingeniero industrial.