06 ago 2020

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La rueda

La fórmula para no llenar iglesias

FRANCESC ESCRIBANO

En Holanda hay más de un millar de iglesias abandonadas. Cerraron puertas por falta de parroquianos y por falta de vocaciones. Muchas de ellas son auténticas joyas históricas y arquitectónicas; por ello, para evitar su degradación, la Iglesia católica ha permitido ciertas iniciativas empresariales y ciudadanas que han posibilitado que algunos de estos edificios puedan ser reformados y se vuelvan a abrir al público reciclados para un nuevo uso.

Un curioso reportaje del Blog Europa, un interesante programa del 33 hecho por estudiantes de Erasmus, explicaba que algunas de estas iglesias se han podido salvar gracias a un proceso de reconversión que las ha transformado en librerías, hoteles e, incluso, en bares. Parece que la única condición que ponen los responsables de la jerarquía eclesiástica holandesa es que el local no se destine a otras religiones. Es decir, que en estas iglesias desconsagradas se puede leer un libro, beber una cerveza y utilizar una cama de hotel para dormir o para hacer lo que más convenga, pero allí no se puede rezar a ningún otro Dios que no sea el que manda la ortodoxia católica, apostólica y romana.

La atávica resistencia de la Iglesia católica para aceptar la pluralidad de todo tipo, religiosa, cultural y social, explica muchas de sus dificultades para encajar en el mundo actual. Esta semana hemos tenido una buena prueba con las declaraciones de dos destacados jerarcas españoles que han puesto en evidencia su opinión sobre cuál debe ser el papel de la mujer en la sociedad moderna.

De un lado, Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid, que dicen que dudó de que la vicepresidenta del Gobierno pudiera ser pregonera porque está casada por lo civil y, por otro, las declaraciones de Jaume Pujol, arzobispo de Tarragona, recordando a todas las mujeres que su primer trabajo debe ser cuidar a sus maridos. Con esta mentalidad y con perlas como estas, no es de extrañar que las iglesias se vacíen.