La situación política vasca

Se trata de la democracia

El miedo de los partidos ante la izquierda radical se manifiesta cuando renuncian a criticarla a fondo

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Se trata de la democracia

LEONARD BEARD

Y la democracia tiene que ver con la libertad. El problema del terrorismo de ETA es que ha supuesto una amenaza contra la vida de muchos ciudadanos vascos y españoles. No de todos, por supuesto, pues era cierto que la violencia terrorista de ETA era discriminatoria y no indiscriminada, aunque más de uno de los que lo afirmaban pretendía extraer la consecuencia de que por ello era mejor. Otra cosa es que, por medio de esa violencia, la sensación de miedo se extendiera por toda la sociedad. Pero las víctimas han sido o representantes específicos del Estado español, o simplemente de una visión no nacionalista de la sociedad vasca.

Conseguir que ETA dejara de matar ha sido la meta inmediata. Y el Estado de derecho lo ha conseguido, con una política antiterrorista adecuada a derecho, una política que ha hecho que la sociedad vasca en general se posicionara contra el terror. Pero ese final de ETA, todavía no escrito pues no ha anunciado su disolución definitiva, no implica automáticamente que sus seguidores y todo su entorno, lo que se denomina izquierda nacionalista radical, el mundo de Batasuna, se hayan convertido en demócratas, es decir, en defensores de la libertad de los ciudadanos vascos para ser vascos según les parezca, en libertad, sin que nadie les imponga una manera de serlo.

Y este es el problema que, superado el terror y la amenaza de muerte caso de que ETA y su entorno considerara a alguien enemigo de Euskadi o de Euskal Herria, sigue existiendo en la sociedad vasca. Pues Amaiur, Bildu, Sortu y todas las franquicias de lo mismo siguen defendiendo una definición política desde la homogeneidad y desde la hegemonía nacionalista. Es decir: no admiten que la sociedad vasca sea plural en el sentimiento de pertenencia y que por ello no puede ser definida políticamente como si de un todo homogéneo se tratara, sin distinciones y diferencias radicales en su interior.

Si el problema sigue siendo la defensa de la democracia como defensa de la libertad, la defensa del ciudadano como sujeto de derechos y libertades fundamentales, el comportamiento debido ante cualquiera de las franquicias de la izquierda nacionalista radical debe estar guiado por este problema, y por nada más. Especialmente cuando se ha celebrado, de forma casi unánime, que el paso dado por la izquierda nacionalista ha sido un paso definitivo, que no tiene vuelta atrás.

Si esta es la situación, ¿por qué los partidos democráticos tienen que someterse a la presión de ser más condescendientes con las franquicias de la izquierda nacionalista que con los demás partidos? ¿Por qué hemos de renunciar a la crítica que desde la democracia debemos ejercer sobre el planteamiento político y el proyecto político de la izquierda nacionalista radical si con ello no hacemos otra cosa que defender la libertad y los derechos fundamentales? ¿Por qué razón debemos pasar por alto su incapacidad de condenar la historia de terror de ETA, por qué debemos transigir con su ocultación de la realidad de las consecuencias del terror de ETA, los asesinados y las víctimas familiares de los asesinados? ¿Por qué tiene que ser de recibo que el representante de Amaiur en el CongresoXabier Errekondo,preguntado si condena la violencia, responda que reconoce que ha habido sufrimiento; es decir, se limite a constatar una obviedad?

Da la sensación de que estamos contentos de que nos hagan el favor de ir al Congreso, de que nos damos por satisfechos porque ETA nos perdona la vida, en sentido literal, y ahora tenemos la obligación de ponerles la alfombra roja, no sea que vuelvan a enfadarse y se retraigan de los pasos que han dado, sin darnos cuenta de que con ello ponemos de manifiesto el miedo interiorizado que tenemos ante los que han usado y legitimado el terror discriminado durante tanto tiempo.

La tarea principal que tienen entre manos los partidos, aquellos a los que se les supone demócratas, es la de la defensa de la democracia y de los mecanismos que la garantizan, que conforman el Estado de derecho, sobreponiéndose al miedo interiorizado de que si no se les ríen todas las gracias puedan volver a las andadas. No manifiesta miedo ante la izquierda nacionalista radical quien les niega, por no cumplir los requisitos exigidos, grupo parlamentario en el Congreso, sino el que está dispuesto a tragar con la doctrina de que para reconocer el dolor de las víctimas es preciso admitir que el terror de ETA era producto de la existencia de un conflicto entre dos partes armadas, entre dos contendientes igualmente ilegítimos. Ese miedo se pone de manifiesto en la disposición a callarse cuando un representante institucional de la misma, el diputado general de Guipúzcoa, se fotografía amistosamente con dos buscados por la justicia por ser terroristas.

El problema sigue siendo la defensa de la libertad y de la democracia. El problema sigue siendo que estamos más dispuestos a ser condescendientes con la izquierda nacionalista radical que con las víctimas del terrorismo y su memoria.

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