Ir a contenido

Los ecos de la 'primavera árabe'

Regreso al 2002

Francisco Veiga

Frente a Irán, vemos cómo regresan con toda su fuerza el lenguaje y la lógica de hace nueve años

El pasado 27 de octubre, The New York Times desvelaba, en un impactante reportaje, que el Gobierno turco daba asilo dentro de sus fronteras a lo que parecía ser el estado mayor del denominado Ejército Sirio Libre (ESL), que operaba en el vecino país. El ESL, compuesto por soldados desertores del Ejército regular sirio, era el protagonista de numerosas acciones militares contras las fuerzas de seguridad del régimen de Bashar el Asad. De hecho, las emboscadas y enfrentamientos armados siguen produciéndose cada día en el interior de Siria.

Por lo tanto, el reportaje de The New York Times desvelaba que, de hecho, se estaba produciendo una intervención de la OTAN, encubierta, en Siria. En efecto, Turquía es miembro de la Alianza Atlántica desde 1955, y un aliado estratégico de confianza de Estados Unidos en la región. Resulta casi de todo punto imposible suponer que el apoyo de Ankara a los desertores sirios, reconvertidos en combatientes armados, fuera un hecho desconocido -por no decir permitido o apoyado activamente- en Washington y Bruselas.

Las consecuencias derivadas de la información revelada eran, por lo tanto, muy serias. Pero a partir de ese momento, pasan tres cosas, casi simultáneamente. Por un lado, el Gobierno turco clama que detrás de los últimos ataques del PKK kurdo está Siria. Con eso se consigue la coartada moral que justificaría la intervención turca en los asuntos sirios. Simultáneamente, se dejaba caer la teoría -esta menos estentóreamente aireada- de que eran los israelís quienes estaban ayudado al PKK.

Casi al mismo tiempo, el primer ministro israelí, Binyamin Netanya-hu, y su ministro de Defensa, Ehud Barak, se desmelenaban y comenzaban a clamar por un ataque preventivo contra Irán, al que acusaban de tener casi lista el arma nuclear. El resto del Gabinete y hasta los militares, no veían tan clara la necesidad de ponerse así. Y entonces pudimos leer en The Guardian que los británicos están preparándose militarmente para tal opción. También llegaron informaciones de que Washington estaría dispuesto a liderar el ataque, y Obama también se descolgó con unas declaraciones de tono amenazante, aunque mucho más desinfladas que las de Netanyahu, como secundándole sin ganas.

Van pasando los días, la situación en Siria queda de nuevo en la sombra, la mediación de la Liga Árabe es desechada desde Occidente -sería un milagro que se hubiera respaldado, sin sabotearla- y frente a Irán vemos cómo regresan con toda su fuerza el lenguaje y la lógica de hace nueve años, cuando se preparaba concienzudamente la invasión de Irak. Los dobles raseros, los cambiazos periodísticos, las diversiones y exageraciones son bastante parecidos, poseen el mismo grado de tosquedad que por entonces, tienen como trasfondo una supuesta amenaza nuclear contra Occidente y el mundo. Y, sobre todo, no poseen el respaldo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ni para un posible ataque contra Irán, ni, tampoco, para meterse en Siria, como está haciendo, en estos momentos, un país miembro de la OTAN.

¿Y la enemistad turco-israelí, que hace pocas semanas parecía estar al rojo vivo? Pues esa fue la tercera cosa que sucedió a raíz del citado artículo de The New York Times: una flotilla de dos yates, uno canadiense y otro irlandés, cargados con ayuda humanitaria para Gaza, fue abordada por patrulleras israelís, el pasado 4 de noviembre. No se produjeron herido ni muertos entre los activistas, pero las naves tampoco iban escoltadas por unidades de guerra turcas. Erdogan comentó que la flotilla no estaba integrada por barcos, tripulantes o activistas turcos; y tampoco aprovechó la ocasión para arremeter contra Israel. Claro que, en plena tensión turco-israelí, los americanos estaban vendiendo helicópteros de combate a los turcos. Tan mal no andarían las cosas entre Tel-Aviv y Ankara, ¿no?

Por suerte, casi nadie parece aguantar a Netanyahu, comenzado por Nicolas Sarkozy. O sea que una parte de la tensión que se ha generado con relación a Irán tiene que ver con un intento de salvarle la cara a Bibi. Porque hay que tener clara una cosa: un ataque contra Irán podría tener consecuencias devastadoras para la maltrecha economía mundial, ya sujeta con alfileres, si tenemos en cuenta el volumen de crudo que pasa por el estrecho de Ormuz, fácilmente bloqueable.

Y ahora rebobinemos: todo ese ruido ha metido bajo la alfombra la injerencia turca en Siria. También ha hecho que nos olvidemos de Libia y lo que allí sucedió. En cambio, tanto jaleo bronco contribuye a que nos preguntemos en qué ha derivado la primavera árabe, donde los cambios sociales parecen estar dejando paso a maniobras estratégicas de las grandes potencias. Incluyendo en ese panorama a los grandes olvidados: Yemen, en guerra civil, y Baréin, cuyos alzados fueron masacrados por las autoridades locales, con ayuda de Arabia Saudí, y que todos parecen haber olvidado.

Profesor de Historia Contemporánea

y Actual en la UAB, y coordinador de

Eurasian Hub.

0 Comentarios
cargando