El turno

Roma habría apoyado el eje mediterráneo

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Veinticinco años después de la nominación olímpica de Barcelona, hoy celebramos que Catalunya se beneficiará del corredor ferroviario del Mediterráneo. No es casual que la UE apoye el trayecto que recorrerá la costa. Aquí es donde se concentra el grueso de la población, de la industria y de la agricultura exportables, de las redes logísticas y de transporte en España. Y el transporte debe servir para transportar algo, ¿no? Los romanos lo tenían claro. La ruta más transitada de Hispania era la Vía Augusta, que enlazaba el sur de Francia con Cádiz. Ya en el siglo XX, el Banco Mundial yGiovanni Agnelliapostaron por la opción más segura. La institución financiera y el patrón de la Fiat impusieron aFrancoel trazado mediterráneo de la autopista AP-7 y la fábrica de Seat en la Zona Franca, desestimando la opción del régimen de invertir en el centro.

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Pero no seamos ilusos. A diferencia de lo ocurrido en 1986, difícilmente esta vez los ciudadanos saldrán en masa a la calle a celebrar la noticia junto alpresidentde la Generalitat y al alcalde de Barcelona. Ni los catalanes han reclamado los últimos años con manifestaciones «¡queremos el eje mediterráneo!» ni tampoco habrá un estallido de alegría como el que protagonizóPasqual Maragallen las fuentes de Montjuïc. Las noticias son incomparables, y los tiempos, diferentes. Apostamos por las infraestructuras ahora que son ineludibles para salir del charco en el que nos encontramos. Antes, lo que molaba era construir Port Aventura, la Ciutat de les Arts y puertos deportivos. Invertir en trenes era antiguo.

Sin embargo, en una época en que las buenas noticias son más bien escasas, la aprobación del corredor mediterráneo es, más que nunca, un motivo de celebración. La crisis nos ha enseñado a diferenciar lo que es necesario de lo que podemos prescindir.