02 abr 2020

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CiU y el legado del PSC

Construir el enemigo o el futuro

Pia Bosch

Para tapar cualquier pecado funciona envolverse en la bandera y hablar de Madrid o del tripartito

Umberto Eco ha publicado este año una recomendable recopilación de escritos que lleva por título Construir el enemigo. «Para tener el pueblo bajo control hay que tener enemigos», sostiene. «Si no tienes, hay que construirlos». «Y construirlos de forma que generen miedo y repugnancia».

Las fuerzas de gobierno conservadoras se han aplicado siempre con constancia en esta noble tarea. Así, al PP le ha dado en los últimos años un gran rédito construir el enemigo Catalunya. No ha tenido empacho en hacer afirmaciones aberrantes contra Catalunya y los catalanes, utilizar todas las instancias judiciales existentes para plantear innumerables recursos e incluso salir a la calle a recoger firmas contra nuestro Estatut. Tiene la experiencia que, desde el poder, y en nombre de la gobernabilidad, entre fuerzas conservadoras todo es negociable.

En Catalunya, CiU tiene elegidos, desde hace muchos años, sus enemigos: el primero, a la recíproca, Madrid, el Estado. Este es un enemigo formidable, insuperable, que sirve para taparlo todo. En los últimos tiempos, además, el gran enemigo, cuando falla Madrid, es el tripartito. La construcción de este enemigo, presunta fuente de tantas desgracias, está siendo también de gran rendimiento. Por eso se están dedicando todos los recursos necesarios. Así, el Gobierno de CiU ha encargado una auditoría a la empresa de la que es director en Catalunya David Madí (jefe de campaña de CiU y gran estratega de su victoria) que, previo pago de 885.000 euros de todos los catalanes, llega a la conclusión de que CiU tiene razón. Un nueva contribución a la «construcción intensiva y constante», como dice Eco, del enemigo, esta vez un poco costosa. El manual está siendo aplicado de forma disciplinada en todos los niveles de gobierno. Para tapar cualquier pecado de acción o, mucho más a menudo, de omisión, funciona envolverse en la bandera, hablar de Madrid o del tripartito. Y, cuando todo esto falla, últimamente, sin tapujos, se recurre a los inmigrantes pobres. Quizá esta es la mejor forma de levantar una cortina de humo que permita sacar adelante un programa decidido de debilitamiento de los servicios públicos y reforzamiento de las alternativas privadas. Como dice un buen amigo mío, qui dia passa, recorte y privatización empuja. El guión se va repitiendo de forma isomórfica en todos los niveles de gobierno, y en todas las instituciones, y es justamente esta repetición isomórfica lo que la convierte en enormemente eficaz.

Al mismo tiempo que avanza el proceso de construcción del enemigo, hay que emprender un proceso de destrucción del adversario. En este caso, el objeto a destruir es el espacio de la socialdemocracia catalanista, el espacio del PSC. Un día sí y otro también se niega el derecho a existir y la legitimidad al adversario, negando al PSC la naturaleza de partido catalán. Se niega el presente, pero también, y esto requiere una mayor aplicación sistemática y sofisticada, se niega el pasado, el legado. Ejemplos recientes de este menosprecio tenemos varios. Por ejemplo, ahora que se habla tanto del modelo de inmersión lingüística, se olvida sistemáticamente la aportación fundamental de Marta Mata. Otro ejemplo bien reciente lo tuvimos en un tendencioso y sesgado 30 minuts sobre el proceso de construcción del modelo autonómico español. La imagen del PSC en el documental merecería un análisis más largo y detenido, pero se puede resumir explicando que se evitó decir que el PSC, con Joan Raventós al frente, ganó las elecciones de 1977, o explicando que la persona que salía a hablar de la aportación del socialismo catalán era Jaume Sobrequés (!). Se va dando a entender así, sistemáticamente, que no nos encontramos ante un contraste de alternativas políticas igualmente dignas de consideración, sino de una opción catalana frente a una opción indigna de este nombre. Hace pocos días, en una conversación sobre el aeropuerto de Girona, un alto cargo de la Generalitat me espetó sin rodeos: «¿Y tú eres catalana?» Con lo que compendiaba todas sus descalificaciones en esta sola frase.

Cuando un Gobierno, en lugar de dedicarse a gobernar, se dedica con éxito a construir el enemigo, y el país o la ciudad están pasando tiempos de bonanza, esta situación perjudica, sobre todo, a los adversarios políticos. El problema grave se plantea cuando la clásica construcción del enemigo es el centro de la acción de un Gobierno en tiempos de crisis y de grandes dificultades, como los presentes. El perjuicio directo es para el país o la ciudad en cuestión. Si al malestar social que una crisis tan profunda como la que vivimos está generando, se añade tensión y crispación, se está jugando con fuego.

En estos tiempos, más que nunca, gobernar debe ser un servicio a la ciudadanía de hoy y a la de mañana, debe ser una contribución generosa a la construcción del futuro. Hoy, más que nunca, necesitamos gobernantes más comprometidos en la construcción del futuro que en la vieja, clásica y electoralmente rentable construcción del enemigo.

*Portavoz del PSC en el Ayuntamiento de Girona.