10 abr 2020

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El turno

Mucho ojito

Jordi Ferrerons

Seguramente fue fruto de la impotencia y la imposibilidad de superar una situación muy adversa, pero el gesto asombró al mundo: en una reu-nión pública y ante decenas de cámaras, el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, metió el dedo en el ojo al número dos de la cancillera alemana, el ministro de Economía, Philipp Rössler. Ciertamente, la reunión era muy tensa: Grecia no está en condiciones de pagar su deuda, y debe ser muy duro que el oponente, por mesurado que sea, saque a relucir públicamente tus miserias.

Muy pronto, en Atenas los manifestantes enarbolaron banderas con el eslogan Papa, tu dedo nos señala el camino, frase ya casi tan famosa como el «nenikékamen» (hemos vencido) de Filípides tras recorrer los 42,195 kilómetros que separan Maratón de Atenas y justo antes de caer muerto. En Grecia, informadores, analistas y tertulianos no cesaban de argumentar a favor del gesto del primer ministro en apuros.

Un mes y medio después, el juez único del Tribunal de la UE sancionó muy levemente a Papandreu y, además, amonestó (bien es cierto que en grado menor) a Rössler, quien, sorprendido por el gesto del primer ministro griego, solo había acertado a propinarle una colleja en el cogote como respuesta. El juez único, admirador del esplendoroso pasado civilizador de la Grecia de Aristóteles y Pericles y de las gestas narradas por Homero, fue condescendiente con Papandreu. El veterano jurista pareció de la opinión de que la historia demuestra que hay que preservar el arrebato vehemente griego por encima de la meticulosa eficiencia alemana.

A estas alturas del sueño, desperté. Alterado y bañado en sudor, pero reconfortado porque todo había ocurrido en el ámbito de la política europea y en el contexto de una crisis económica que amenaza con llevárselo todo por delante. Imaginen si algo parecido a esto llega a suceder en el terreno del deporte.