28 may 2020

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Gente corriente

Ute Prause: «Cogí unos trapos y cosí una blusa; tenía 13 años»

Mauricio Bernal

La historia es como sigue: en la casa de Detmold (Alemania) había una máquina de coser porque la madre hacía la ropa de las niñas, y un día, cuando tenía 13 años, la pequeña Ute cosió su primer modelo. «Cogí los retazos de varios paños de cocina e hice una blusa». La madre se enfadó mucho, pero las amigas de la pequeña, en cuanto vieron la blusa, le pidieron que les hiciera una igual.

-Y yo lo que digo siempre, cuando cuento esta historia, es que esas blusas fueron mi primera colección.

Pero a Ute también le gustaba leer, y también lo hacía de niña, con fruición, y cuando llegó el momento de decidir qué iba a estudiar no eligió diseño de modas -como habría sido natural, tal vez, en una mujer que desde los 13 años cosía sus propias blusas-, sino Filología Alemana. Pero ella sabía muy bien lo que hacía.

-Dedicarte a la moda implica hacer algo que yo no estaba dispuesta a hacer, que es sacar una colección por temporada. Es lo que haces si eres diseñador de moda. Yo soy más de colecciones temáticas. De trabajar sin prisa, a mi aire, a mi ritmo. Y, en cualquier caso, la filología me encanta.

Una serie de coincidencias trajeron a Ute a Barcelona; unas coincidencias relacionadas con la moda. Pero dado que ya era filóloga, y que se había formado para enseñar, encontró trabajo. Primero, en el Instituto Alemán, luego con la Generalitat y al final en la Universitat Autònoma (UAB). De eso hace más de 10 años.

-¿En la Autònoma?

-En el Servei de Llengües.

-Claro. Trabajo que compagina con su labor de diseñadora, ¿no?

-Exacto. Digamos que he logrado el equilibrio que quería. Mi trabajo en la universidad me encanta, me encanta enseñar, corregir exámenes... Y, por otra parte, hago lo que siempre he querido con la moda: colecciones puntuales. Puntuales y temáticas.

-Esta que veo aquí... Esta es la de tango, ¿no?

-Tango, sí. Esta es la última.

-Explíqueme, por favor, cómo decide hacer una colección así.

-¿Sabe en dónde se me ocurrió la idea? En Marraquech.

-¿Tango en Marraquech?

-Le cuento. Allí estaba con dos amigos catalanes que bailan tango, y una noche fuimos a una milonga. Aunque no lo crea, yo nunca había visto bailar tango. Lo había escuchado, claro, pero verlo, nunca. Y me fascinó. No solo eso, sino que mi amiga dijo que no se encontraba ropa bonita. Ropa de tango. Por eso la hice.

-Y... No sé: ¿Está a la venta?

-Pues sí, de hecho es la primera colección que pongo a la venta. Mejor dicho, es la primera vez que me tomo el trabajo de hacer una investigación comercial, de averiguar si podía tener un hueco en el mercado, de contactar con tiendas, etcétera. Cosa que me gusta muy poco hacer, pero creo que en cualquier trabajo, por mucho que nos apasione, siempre hay algo que no nos gusta hacer.

-¿Y las otras colecciones?

-Sí. He hecho otras dos. Huellas cubanas y Orishas. Así se llaman.

-Y ahora me va a explicar qué se le perdió en Cuba, ¿cierto?

-Mire, curiosamente tiene que ver con la filología; con la enseñanza, quiero decir. ¿Sabe a qué fui allí? A dar clases de alemán. Le pedí permiso a mi jefe y fui tres meses a enseñar en la Facultad de Lenguas Extranjeras. La FLEC. El caso es que allí conocí a un montón de gente vinculada con el mundo de la moda, y de la cultura, y del arte, y acabé haciendo esas dos colecciones. La primera, Huellas, la presenté en Santiago y en La Habana; en desfile, quiero decir, y Orishas formó parte de una exposición de diseñadores sobre temas cubanos.

-¿En dónde?

-Museo Casa de la Obra Pía. En La Habana.

-Me la imagino pasando un montón de tiempo en Cuba. Mi pregunta es: ¿y su trabajo?

-Bueno, primero, no estuve tanto tiempo allá. Tres veces, en total. Y, segundo, pedía vacaciones. Todo era tiempo de vacaciones. ¿Sabe qué no conté? Que con Huellas hicimos un desfile aquí, en el Raval, en la plaza de Vicenç Martorell. Me ayudaron unos amigos. Salió bien, la verdad.

-Ah. O sea, que ha presentado sus cosas en Europa.

-¡Sí! De hecho, Tango la presenté a finales del año pasado en Friburgo.

-Se va dando a conocer.

-No sé. Poco a poco.

-¿Está satisfecha?

-La verdad es que sí.