03 abr 2020

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El turno

¿Por qué crece el deseo de independencia?

J.M. Terricabras

Acabamos de celebrar otro Onze de Setembre. Se han vuelto a oír gritos a favor de la independencia de Catalunya, más fuertes que nunca. Muchos, sin embargo, aún se preguntan: «¿Por qué, por qué quieren la independencia todos estos?».

Más allá del porqué de cada uno, cada día son más los catalanes a los que ya no gusta la dependencia. Y saben que, aunque la decisión final no será fácil, el camino es ilusionante, pero, sobre todo, inevitable. ¿O debemos simular que la dependencia actual es buena y se puede ir aceptando por siempre jamás? ¿Debemos simular que es buena la persecución constante, reincidente, descarada, de la lengua catalana? ¿Que son buenas la asfixia económica, la imposibilidad de decidir libremente sobre aeropuertos, becas, pensiones, ayudas a la pequeña y mediana empresa, ayudas a la dependencia y un larguísimo etcétera? Cuando todo esto se repite y repite, cuando se endurece, ¿es razonable darlo por bueno y renunciar a poder tomar decisiones libremente, sometiéndose siempre a decisiones que toman otros?

¿Por qué hay independentismo en Catalunya, preguntan algunos? Pues porque el dependentismo acaba siendo insoportable, intolerable. Tanto en la vida personal como en la colectiva, llega el momento de decir basta, de tomar decisiones por tu cuenta. No puede extrañar a nadie que las personas y los pueblos quieran dejar de ser menores de edad. Algunos, sin embargo, al estar más acostumbrados a aceptar que a decidir, todavía deben perder el miedo a decidirse por la libertad política: deben convencerse de que, si de verdad la quieren, nadie se la podrá impedir. Primero es el deseo de independencia, el deseo refuerza la voluntad y esta hace crecer la fuerza. Entonces un proceso de independencia es ilusionante y, finalmente, inevitable.