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dos miradas de verano

La lluvia de Chopin

Emma Riverola

En el invierno de 1838, la salud de Chopin se resentía y el médico le recomendó unas vacaciones en el clima benigno de Mallorca. Pero ya sabemos que Zeus es caprichoso y, del mismo modo que este año nos está regalando un verano atípico, obsequió al compositor polaco, a su compañera, George Sand, y a los dos hijos de esta con una cortina de lluvia incesante. Los pobres pulmones de Chopin empeoraron y se confirmó el diagnóstico de tuberculosis. Lo que tenía que ser una estancia de reposo y renacimiento se tornó una agonía que finalizó de un modo abrupto. La salud de Chopin se agravó y el músico tuvo que abandonar Valldemosa.

Las vacaciones no siempre salen como uno las prevé. No hace falta el dramático diagnóstico de una tuberculosis para sentir que la ansiada válvula de escape se ha convertido en una alarmante bomba de relojería. El índice de solicitud de divorcios se dispara en el mes de septiembre. Sin la cortapisa del trabajo o del estrés, lo que somos, lo que sentimos y lo que deseamos florece de un modo diáfano y no siempre coincide con lo que es, siente y desea la persona con la que un día hicimos planes a largo plazo. Los impetuosos aguaceros de agosto desnudan lo que no vimos, lo que no quisimos ver o, simplemente, lo que hemos cambiado. Si después de la tormenta el paisaje permanece tranquilo, se auguran once meses de cielo raso… Hasta el próximo verano.