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Dos miradas de verano

El silencio de Ferrater

Josep Maria Fonalleras

El poeta decide irse lejos, pero no mucho, del lugar donde comparte el verano con unos amigos. Cuando vuelva de la breve excursión, todo habrá cambiado. Y él conservará un secreto, solo conocido por la persona que lo acompañará en el viaje. Es así como se llama el poema de Gabriel Ferrater: El secreto. En realidad, no se trata de la narración de una fuga, sino de la posibilidad de una evasión, lejos de las conversaciones y de las confesiones que los demás tendrán en la ausencia de los dos que se van. «Vendrá el día más largo de un larguísimo / verano». Antes de que todo se despierte, de que empiece la rutina de la playa o el bosque, el poeta y su acompañante deciden coger un tren (el «más lento») que los llevará a una taberna donde se tomarán la «tibia cerveza del silencio». No habrá crecido ningún recuerdo en ellos dos. Simplemente se habrán sentado «sin mirar». Al volver, serán informados de las charlas que han tenido los amigos, de la sinceridad que han puesto en práctica, ese día que ellos se han perdido, aparentemente feliz, lleno de confidencias. Pero cuando, a los amigos, «les atormente / haber descubierto que no querían ser/ tal como eran y habrán vuelto a ser», cuando se den cuenta del odio que ha generado tanto conocimiento, el poeta esconderá el secreto. No decir ni oír nada. Para no tener que arrepentirse de tener recuerdos, vivencias compartidas en un día compartido de verano.