Editorial

Horror sobre horror

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El horror ante la matanza de Noruega aumenta cuando se leen las justificaciones del asesino confeso, Anders Behring Breivik, y se van conociendo algunos de sus métodos criminales. Para este fundamentalista cristiano, racista y xenófobo, la matanza fue «cruel, pero necesaria». El manifiesto de 1.500 páginas publicado por el asesino en internet es una recopilación de sus abominables teorías sobre la «guerra preventiva» que los «pueblos indígenas libres de Europa» deben declarar a «las élites marxistas y multiculturalistas de Europa Occidental». En el texto explica lo que ayer confirmó ante el juez: no hay culpa ni responsabilidad por los hechos, que asume, porque su misión era «salvar a Europa» de la «invasión musulmana». Su objetivo fueron los jóvenes del Partido Laborista porque considera que el Gobierno ha traicionado a Noruega al permitir la llegada masiva de musulmanes.

Estas teorías espeluznantes, que podrían tomarse a broma leídas en internet, adquieren todo su sentido cuando un hombre como Breivik las lleva a la práctica ejecutando a las víctimas con la mayor frialdad. A cuantas más mejor porque, como dice también en el manifiesto, una vez que te decides a golpear, es mejor matar a muchos que quedarse corto.Y dispara con balas expansivas, prohibidas en las guerras porque explotan dentro del cuerpo de las víctimas. Igual que los nazis eran en privado amantes padres de familia, Breivik, «simpático, amable y educado», según sus vecinos, ejemplifica la normalidad del mal en estado puro.

Ante el juez, el asesino habló ayer de la existencia de «dos células» que le ayudaron a cometer los atentados, pero al ser detenido confesó que actuó en solitario. La policía tendrá que aclarar esa contradicción para que su imagen no se deteriore más de lo que está. Aunque Noruega no estaba acostumbrada a los atentados, es increíble que los agentes tardaran tanto en llegar a la isla de Utoya para impedir que Breivik disparara durante hora y media o que la policía rebajara ayer el número oficial de víctimas de 93 a 76. Las explicaciones de que no disponía de barcos con capacidad suficiente o de helicópteros, en el primer caso, y de que la primera cifra era una estimación, en el segundo, no dicen mucho de su profesionalidad.