La rueda

Quien resiste, gana

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En España, decíaCamilo José Cela, «quien resiste, gana». Creo que el escritor se refería a la resistencia al fracaso, a seguir escribiendo hasta acabar en Suecia recogiendo el Premio Nobel. A esa capacidad que tienen algunos de enfrentarse a las peores circunstancias, incluso al más temible campo de concentración, y salir de ellas fortalecidos. O, simplemente, vivos. La lucha por la supervivencia es una cualidad de los valientes que algunos confunden con la tenacidad numantina o el atarse a la silla. Pero, en ocasiones, el valor de la resistencia toma una deriva desesperada hacia el caiga quien caiga.

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La resistencia más allá de los límites de la realidad, basada en un exceso de celo por mantenerse a resguardo, me produce un cierto escepticismo. Me recuerda el esfuerzo constructor (costó varios miles de millones de francos de entonces) para proteger las fronteras francesas con Alemania e Italia, la famosa Línea Maginot. Edificar muros, esconderse tras ellos y esperar que el viento sople a favor es una táctica tanto militar como política que se ha quedado vieja, como la guerra de guerrillas o las antiguas fortalezas. Cuando las tienes construidas, no impiden que los nazis entren en Francia.

Cuesta trabajo entender, como aseguran algunos analistas o politólogos (qué curiosa profesión), que el presidenteRodríguezZapaterose haya rodeado ahora de un Gobierno pensado para aguantar hasta el final, cuya intención solo sea esperar a que la coyuntura económica cambie y las encuestas ofrezcan al PSOE resultados más alentadores. ¿Noviembre o marzo? Siento no ver en esos meses que separan las dos fechas más que un predecible aumento del agotamiento general de la sociedad española. Confiemos en que la R deRubalcabano sea de Resistir; que se enfrente sin miedo, con su proyecto y cuanto antes, al veredicto de las urnas. La resistencia, en Numancia, llevó al suicidio colectivo. Sería un triste final de época para la izquierda.