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Gente corriente

«Cuanto mayor es un problema, más fácil es la solución»

Gemma Tramullas

«Estimado President». Así encabezaba su carta de 29 de abril dirigida a Artur Mas, tres folios con 18 medidas prácticas no solo para aliviar la crisis sino para construir una sociedad más justa.

-¿Qué le movió a enviar la carta?

-Lo hice por coherencia. Si tengo

-¡Con la cantidad de asesores a los que pagan para buscar soluciones!Cuando hay grandes problemas, la solución tiene que ser, por definición, sencilla. ¿Para qué existe un problema sino para resolverlo? Si no hay solución, entonces no es un problema sino un estado de cosas.

-¿Por ejemplo?

-Si alguien dice «tengo un problema, no puedo volar», no tiene un problema, sencillamente no es un pájaro.

-¿La crisis es un estado de cosas o un problema?

-Un problema. Y cuanto mayor y más global es un problema, más sencilla es la solución. La solución es una sola palabra: amor.

-Dicho así queda...

-¿Vago? a gente se ríe cuando hablas de trabajo, de esfuerzo, de respeto, de solidaridad, de justicia distributiva...

-Cuénteselo a Wall Street.

-No.

-¿Podría poner algún ejemplo de las medidas que propone en su carta?

-La administración es un bien común, ¿sí o no? Pues compartámoslo. ¿Por qué no ha de haber crisis para un funcionario y sí para un pobre administrativo? Estamos en crisis. Si pudieran pasar con el 80% del sueldo, de una plantilla de 300.000 funcionarios se podrían generar más de 100.000 puestos de trabajo.

-¿Y le ha contestado el president?

-Me han informado de que le han entregado la carta personalmente.

-¿De dónde sale usted?

-Mi vida es una novela.

-Pruebe a hacer un resumen.

-Nací en la provincia de Córdoba. Era el mayor de una familia numerosa y estuve seis años estudiando en el seminario, pero no tenía vocación. Lo dejé y me enrolé en una naviera. Estuve casi dos años viajando por el Atlántico norte, crucé el Canal de Suez varias veces, Goa, Carachi...

-¡Qué experiencia!

-Estábamos en el trópico y, a la caída del sol, cantaba O sole mío en la popa del barco. No debía hacerlo tan mal porque un día me pidieron que cantara Granada ante la reina Juliana de Holanda.

-Terminó echando el ancla para siempre en Barcelona.

-Entré de profesor en los jesuitas de Casp, donde estuve 30 años. Daba historia, latín, física y química, lo que hiciera falta, porque mi ideal ha sido siempre saber de todo. Amor y conocimiento van ligados.

-Seguro que era un profe severo.

-Cuando los alumnos me veían llegar, les oía susurrar: «Que viene El Bola, que viene El Bola». Ese era mi mote, porque soy bajito y fornido. Sí, era severo, pero la disciplina no es decir «¡tú, a callar!», sino un ejercicio de la voluntad que fortalece la musculatura moral o ética y te permite conseguir lo que te propones.

-¿Se acuerda de sus alumnos?

-Claro. Lo mío es vocacional: me considero más educador que profesor y, aunque no soy perfecto, intentaba hacerles un seguimiento personalizado. Manel Fuentes, Iñaki Urdangarín y Jordi Portabella han sido mis alumnos. Manel imitaba perfectamente a Cruyff. Fue delegado de clase y ya era buen comunicador. Siempre me pareció muy íntegro. Urdangarín era muy bueno, un ángel.

-¿Echa de menos las clases?

-Terminé quemado. Lo que era la ilusión de mi vida acabó siendo mi enfermedad, pero gracias a mis convicciones filosóficas y a la disciplina lo corregí. Y aquí estoy, jubilado, pero solo administrativamente.

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