04 abr 2020

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La situación política en Catalunya

PSC, ¿qué se puede hacer?

Joaquim Coello

Es imposible que la oposición radical al Govern y el partidismo puedan ser entendidos por la sociedad

Es una pregunta osada. ¿Cómo alguien puede tener la prepotencia de sugerirle a un tercero lo que debe hacer sin caer él mismo en el ridículo? Hay quien piensa, sobre todo fuera de Catalunya, que el PSC tiene que saber lo que quiere ser y hacer en política: si quiere ser un partido esencialmente socialista y transversal o bien un partido catalanista y socialista. Es un falso dilema, debe ser ambas cosas, es decir, catalanista, socialista y transversal. El servicio que el PSC ha hecho al país en estos últimos 30 años ha sido doble. Defender y proyectar un catalanismo de izquierdas y progresista y mantener a una población inmigrante trabajadora castellanohablante próxima y cohesionada con Catalunya y su sociedad, asumiendo valores progresistas y democráticos y contribuyendo al progreso del país.

Si a los partidos nacionalistas les ha sido posible hacer políticas alineadas con su ideario ha sido porque el PSC ha hecho que políticas ligadas con la cultura y los valores identitarios hayan sido asumidas por esta importante población inmigrante. El PSC no puede olvidarla por interés de partido y del país. Si lo hiciera, los partidos xenófobos, de derecha extrema, y los de derecha españolista separadores de la sociedad en catalanes y castellanos tendrían el campo libre para causar aquellos una fractura social, y estos, un distanciamiento en dos grupos culturales. Los resultados de las elecciones municipales dejan al descubierto estas dos consecuencias, que han aflorado al perder el PSC apoyo social. Los hijos de los que vinieron a Catalunya a vivir dignamente con su trabajo están socialmente integrados y algunas de las ideas y valores que defendía el PSC hace años ahora necesitan una actualización para adecuarlos al cambio de ideales de unos ciudadanos diferentes de los de la generación anterior. Los valores del catalanismo político están ahora más arraigados en nuestra sociedad, y cuestiones como la inmersión en la lengua y la educación no segregada en las escuelas no preocupan ahora igual que antes, aunque el riesgo de perder este equilibrio es real.

Para el PSC, la cuestión es cómo integrar las distintas tendencias, opiniones y sensibilidades de la socialdemocracia para llegar a un nuevo programa cuando el partido precisa una refundación, total para algunos y parcial para otros. Pactar un programa hecho entre todos tiene el riesgo de llegar a un resultado que no interese a nadie porque al ser tan de consenso sea de mínimos. Suponiendo que eso fuera posible y se llegara a un resultado que nadie rechazara por no ser propio, pero que generara un moderadísimo entusiasmo, ¿qué se haría con él? ¿Saldría entonces el partido en busca de un líder que le diera forma y alma, lo personalizara y lo asumiera como propio? ¿Sería esto posible y creíble?

El partido necesita un líder surgido de la socialdemocracia y el progresismo, y la cuestión es que liderazgo es incompatible con dependencia y subsidiariedad. Habiendo un partido socialista en el Estado, es obvio que un partido socialista catalán tiene que alinearse con las políticas de ámbito estatal, pero para ser creíble necesita mantener la independencia y discrepar siempre que sea necesario, especialmente cuando se traten cuestiones que afectan a Catalunya. Si se defiende desde el socialismo la estructura federal de España es una antinomia que el socialismo catalán sea subsidiario del español, y lo es porque demostraría la inutilidad del federalismo. De aquí se deriva la necesidad de un grupo independiente en el Congreso.

La política es el equilibrio, y los partidos de centroderecha y centroizquierda deben evitar los extremos, lo que precisa de un grado de inteligencia y sensibilidad no menor. Los extremos han sido siempre más fáciles de defender por la simplicidad de las ideas y la carencia de matices, pero Catalunya es un país de matices.

La gravedad y dureza de la situación que vive el país por la crisis económica y el paro requiere que cualquier política que se haga ahora desde el socialismo tenga que ser en apoyo de las políticas económicas del Govern de centroderecha, a pesar de inevitables discrepancias. Es imposible que la oposición radical al Govern y el partidismo político puedan ser entendidos por una sociedad que tiene problemas actuales graves y un futuro incierto.

El partido tiene un aparato que ha sido capaz de ganar elecciones, pero ahora está falto del necesario liderazgo y capacidad de arrastre, no de los militantes, sino de la sociedad, porque, hay que recordarlo, no tiene el PSC que convencer a sus afiliados, sino a los ciudadanos, si quiere volver a gobernar. El consenso de una política de reformas entre Govern y oposición tiene una ventaja colateral importante: evitar que la extrema derecha ocupe un espacio político que puede contribuir a fracturar la sociedad. Los riesgos de la xenofobia no están lejos.

El ridículo que debía evitarse se ha hecho realidad. Los humanos cometemos siempre los errores en los que no queremos caer y hacemos lo que decimos que no hay que hacer.

Ingeniero.