La rueda

La batalla del envase reutilizable

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La nueva ley de residuos, a punto se aprobarse, enfrenta a la industria del reciclaje de envases con los partidarios de la reutilización. Volvemos a las andadas: un debate asimétrico entre agentes de distinta significación, una disputa entre intereses empresariales, no dudo que legítimos, y apriorismos irreductibles, no dudo que honestos. El criterio experto independiente apenas interviene. Malo.

Esta vez me parece más acertada la opción ecologista de primar el anterior sistema de devolución del envase. El reciclaje es un mal menor que no hay por qué aceptar resignadamente si se puede abolir el mal mayor. Recoger botellas y fundirlas para volver a fabricar botellas es menos absurdo que tirarlas tras un solo uso, pero peor que seguir usándolas mientras sirvan. Lo hace usted con los platos de su casa: ni los tira después de las comidas, ni los tritura para fabricar platos nuevos.

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Pero la realidad es compleja. No supimos evitar la externalización ambiental que suponía el envase de un solo uso y ahora todas las cadenas de envasado funcionan ya según este principio. También se han desarrollado industrias que reciclan los materiales de los envases. De nuevo, tan importante como identificar objetivos es diseñar procesos de transición no traumáticos: ¿cómo volvemos a las máquinas de lavar botellas en las plantas de envasado? ¿Cómo recogemos los envases y los devolvemos a sus diferentes procedencias? ¿A qué dedicamos los actuales recicladores? Y muchas preguntas más.

Los ayer ensalzados recicladores son ahora impugnados por los reutilizadores. Actuamos sin la reflexión suficiente. Hay que pensar antes de hacer. Abandonamos alegre y poco responsablemente el sistema de consigna, no es cuestión de recuperarlo ahora de forma improvisada. Deberíamos verlas venir antes de tomar según qué decisiones. En todo caso, lo más lógico es utilizar los productos hasta el agotamiento de su vida útil. O sea, reducir residuos reutilizando envases.