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Cristina Montiel: «Desde niña me he indignado por las cosas»

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Cristina Montiel.

Cristina Montiel. / JOAN CASTRO / CLICK ART FOTO

Estos días, más de 400 personas se presentan a las oposiciones para 18 plazas de profesor de Filosofía en institutos catalanes. Tras varios años haciendo sustituciones, esta es la oportunidad de Cristina para poder seguir dedicándose a lo que le apasiona: enseñar a pensar.

-Mira que estudiar Filosofía. ¿A quién se le ocurre?

-Desde que era niña me he indignado por las cosas, me gustaba mucho discutir. En séptimo de EGB no dejaba de plantearle preguntas a la profesora: «De mayor te gustará la filosofía», me dijo. Tuvo que explicarme lo que significaba la palabra: el amor por el conocimiento, la pasión por saber más aun sabiendo que nunca llegarás a saber.

-Muy bonito, pero ¿para qué sirve?

-Para mí la filosofía es básicamente reflexión, crítica y humildad. A veces parece que lo sepamos todo, pero hay mucha gente que ha pensado muchas cosas antes que nosotros.

-Sigo sin verle la utilidad.

-No la tiene, en el sentido material. Pero ser crítico, plantearte las cosas y no quedarte con la inmediatez es muy útil. Hoy en día todo es muy visceral, no se piensa, y esto puede traer consecuencias nefastas.

-¿Por ejemplo?

-Se me revuelve el estómago cuando veo tantos chicos a favor de la pena de muerte. ¿Realmente lo han pensado? No, han oído cosas y tienen una reacción visceral. La filosofía es muy útil para desmontar las seguridades que tenemos.

-Debería ser una asignatura vital, pero parece la más prescindible.

-Pensar está mal visto. Un futbolista llamó filósofo a Pep Guardiola como si fuera un insulto, como si dijera: «Este piensa y no hace nada». La filosofía, como la literatura, va a contracorriente. Tú quizá nunca actuarías como el personaje de una novela, pero puedes llegar a entender sus razones y para mí la empatía es vital.

-¿La filosofía enseña a ponerse en la piel del otro?

-Hay mucha gente que dirá que no, pero yo creo que sí, en el sentido de que te muestra otras maneras de pensar.

-¿Cuál es el filósofo favorito de los adolescentes?

-Quizá Nietzsche, porque es el más crítico con el statu quo y el que tiene un lenguaje más potente.

-¿Y la frase que más les suena?

-«Solo sé que no sé nada», de Sócrates, o «pienso, luego existo», de Descartes, pero no saben exactamente por qué lo dicen. Lo que les impacta es la frase. Un día vi que en la pizarra habían escritoconguitos amb suc debajo de la frasecogito ergo sum.

-¿Y qué hizo?

-Reírme. Se quedaron con la rima, con lo divertido, con el lema, porque así es la sociedad de hoy. A mí me gusta la broma, pero también sufro mucho. Un año les puse la películaLa ola, sobre un profesor que hace un experimento con sus alumnos para demostrarles con qué facilidad se manipulan las masas. Ese día no terminaron de ver la película, pero al día siguiente vinieron todos a clase vestidos de blanco.

-¡Como los chicos que se dejan manipular en la película!

-Me asusté mucho y me enfadé. Ellos lo hicieron como una broma, pero cuando vieron el final de la película ya no les quedaron ganas de reír.

-¿La filosofía es una asignatura antimanipulación?

-Totalmente, al menos yo intento que lo sea. Muy poca gente se pregunta el porqué de las cosas. Yo animo a mis alumnos a discutirlo todo. Un día uno me dijo: «Nunca me habían hecho pensar tanto como tú». Aquello me hizo llorar.

-¿Empatiza con ellos?

-Entiendo a los adolescentes airados. ¿Qué pinto yo en el mundo? Para mí no tiene mucho sentido. Quizá somos un accidente de la naturaleza y la vida es lo que es y ya está. Es duro pensar esto desde joven.

-Y morimos sin hallar el sentido.

-La vida solo tiene el sentido que tú le das. Tenemos que apañarnos para vivir lo mejor que podamos. Lo decían Adorno y otros: no se puede ser feliz en un mundo donde los demás no lo son. Yo no sé si puedo ser feliz en este mundo donde se sufre tanto.

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-¿Y si no aprueba las oposiciones?

-Me dolería dejar la enseñanza porque es mi vocación, pero se puede practicar la filosofía desde cualquier otro ámbito. Vivo en Llagostera, un pueblo con mucha inmigración y a menudo oigo comentarios despectivos sobre «negros y moros». Seguiré intentando darle la vuelta a este tipo de afirmaciones. La filosofía es un arma contra el dogmatismo.