24 sep 2020

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El turno

Indignación política y económica

J.M. Terricabras

La crisis económica, a escala europea y americana, se utiliza últimamente para justificarlo todo. (Hubo un momento en que todo era culpa de la globalización, después de Bin Laden, ahora de la crisis económica. ¡Va muy bien tener un chivo expiatorio!)

Pero con esto se olvida -hay olvidos interesantes e interesados- que, en Catalunya, la crisis es, en primer lugar política. Si el país no sufriera un expolio anual de 22.500 millones de euros, no deberían cerrarse hospitales, ni reducir gastos en educación o servicios sociales. En el País Vasco no tienen que hacerlo. Mientras nos desahogamos llorando para que el Estado nos devuelva, o avance, 1.450 millones de euros que, por lo visto, solventarían algún problema, parece que dejamos para mañana o pasado mañana la reclamación de los más de 22.000 millones que son nuestros. ¿O no es legítimo que nosotros gestionemos la riqueza que generamos? Esta debe ser la primera, casi única, reclamación económica que hay que hacer. Si prosigue el expolio, tendremos que empezar a recaudar ingresos por nuestra cuenta. Porque dejarse expoliar no parece digno. ¿O no nos indigna esto lo suficiente?

La crisis del sistema económico también está ahí, evidentemente. Porque, después de la indignación política, tenemos que preguntarnos cómo generamos la riqueza que generamos, cómo se reparte, a costa de quién se llega a acumular, quiénes son los beneficiarios y quiénes los perjudicados. Y es obvio que un sistema capitalista penoso como el que tenemos no puede satisfacer de ningún modo el ansia de justicia social que muchos tenemos. Por aquí, pues, también viene toda la indignación del mundo.

Ya es hora de no hacer solo listas de agravios o que nos atrincheremos detrás de excusas y disimulos. Empieza a ser hora de la verdad: la verdad política es el expolio que padecemos; la verdad económica es que aceptamos un sistema económico injusto y queremos aparentar que no pasa nada.