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Pequeño observatorio

El jazz a los 16 años

Josep Maria Espinàs

Soy un viejo aficionado al jazz. Un simple aficionado que no tiene sólidos conocimientos de su historia, que seguramente no ha oído algunas voces y bandas importantes. No soy un experto, pero a lo largo de mi vida escuchar un poco de jazz me ha proporcionado algunos momentos de placer, de bienestar, de satisfacción vital. El jazz me llevaba a un pequeño mundo feliz dentro del mundo.

Hace unos días vi por televisión, durante un rato, la gala que había organizado este diario con motivo de la designación del Català de l'Any. Y en un momento determinado me sentí capturado por un grupo que tocaba jazz --tengo que confesar que no lo conocía-- y especialmente por una cantante (y también trompetista), que debía de tener 15 o 16 años. Después supe que se llamaba Andrea Motis y que tenía 16 años. La voz de esta chica es magnífica, pero sobre todo me admiró la verdad jazzística de su interpretación.

Aquellos músicos, todos ellos muy jóvenes, forman la Sant Andreu Jazz Band de Barcelona. La calidad de los solistas y de la cantante me parecieron indiscutibles. El swing era impecable. La voz tenía una calidez sobria. No había efectismos. El jazz es una maquinaria delicada, que acostumbra a adquirir calidad y solidez cuando sus intérpretes ya tienen una cierta edad. Igual ocurre con otras voces, como las de la cançó. Considero que desde Léo Ferré a Raimon, pasando por otros muchos cantantes, la calidad de la interpretación --su profundidad, para decirlo así-- gana con los años.

Por eso me ha sorprendido que, siendo tan joven, Andrea Motis cante con una convicción tan segura. Quizá porque ha tenido la suerte de cantar, durante su aprendizaje, con músicos con experiencia. Dice que ha cantado con el prestigioso grupo La Locomotora Negra, formado por músicos que ya tienen unos años y tienen mucho oficio. Ahora, con la Sant Andreu Jazz Band, dice que está rodeada de amigos, con los que ya lleva «muchos años».

¿Qué quiere decir «muchos años» para una chica de 16? Realmente, la idea del tiempo que pasa depende de la edad. Lo que parece es que, más que «muchos», estos años de trabajo conjunto han sido muy intensos, y con voluntad de mejorar se suele conseguir que se acelere el proceso de madurez.

Y así se puede llegar a la exigente profesionalidad. Integrada en un quinteto, que lleva el nombre del saxofonista Joan Chamorro, la lección de jazz fue espléndida.

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