27 oct 2020

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Gente corriente

Francesc Boix: «El mayor de los vecinos del Plus Ultra, sí señor. Ese soy yo»

Mauricio Bernal

-Francesc Boix. ¿Algo qué ver con el fotógrafo?

-No, no, para nada. Pero la gente me pregunta, eso es cierto. De hecho, lo que sí tuve fue mucha amistad con Paco Candel, que vivía ahí, mire, ahí, en esa escalera. Hablábamos mucho. Cuando sacaba sus libros... No es que me consultara nada, obvio, pero sí que me contaba, me explicaba lo que había hecho... Hablábamos.

-Bueno, es que lleva 83 años en el barrio. Conocerá a todo el mundo. Los que están, los que estuvieron...

-El mayor de los vecinos del Plus Ultra, sí señor. Ese soy yo. Quiero decir, de los nacidos aquí. Hay dos personas mayores que yo, pero no nacieron en el barrio. De los que nacimos aquí, yo soy el mayor. El más viejo.

-¿Y cómo es que nunca se movió de aquí?

-Será que no he tenido necesidad. El caso es que ni siquiera he cambiado de casa, imagínese; toda la vida, toda, estos 83 años, que en agosto, si Dios quiere, serán 84, toda la vida he vivido en el mismo lugar: número 16, calle del Aviador Franco. Mire, yo nací ahí, y ahí, en la primera planta, viví con mis padres hasta que me casé. Entonces hicimos obra, construimos una segunda planta, para mi mujer y yo. Y ahí he estado siempre. Lo que ocurre, eso sí, es que ahora vivo solo. Ella murió. Hace unos años.

-¿Y abajo? ¿Quién vive abajo?

-¿En la primera planta? Ahora vive mi cuñado. Cuando murieron mis padres se instalaron él y mi hermana, pero... Bueno, ella también murió hace poco. Ahora estamos los dos solos, los dos viudos, cada uno en una planta. ¿Sabía que durante la guerra esa calle la bombardearon?

-¿Aviador Franco?

-En el número 7, en el número 11 y en el número 13 cayeron bombas, y hubo siete u ocho muertos, ya no recuerdo. De noche a mí me daba pavor. Mi padre nos ponía a dormir entre dos colchones, a mi hermana y a mí. Recuerdo que ella ni se inmutaba, y yo ahí, entre los dos colchones, siempre le preguntaba lo mismo: «Pero ¿cómo haces?» Bueno, pues en esa misma casa donde de niño me escondía de las bombas sigo viviendo ahora. ¿Le parece extraño? Pues le voy a contar algo: también estuve toda la vida en la misma empresa.

-Cuénteme.

-Una empresa de jabones. Entré a los 17 años, de peón, y me jubilé a los 64, de subdirector. Hay una anécdota curiosa que tiene que ver con la empresa. ¿Quiere que se la cuente?

-Por supuesto.

-Pues resulta que al principio la fábrica estaba aquí, al lado de la Zona Franca, pero un día la trasladaron a Santa Perpètua, Santa Perpètua de Mogoda. Y una tarde me llamó el director: «Francesc, ¿tú tienes carnet de conducir?» Y yo: «No, no tengo». «Pues vete sacándolo», me dijo, «porque te vamos a dar un coche». La anécdota es que fue, no el primero, todo hay que decirlo, pero sí el segundo, el segundo coche que hubo en el barrio. Un 600. Para que se ubique, eso fue a principios de los 60.

-Vaya. A estas alturas me da la impresión, no sé, de que aun si no fuera presidente de la asociación de vecinos, aun así seguiría siendo una institución. En el barrio, quiero decir.

-Sí, claro, bueno, supongo que sí. Aunque está mal que lo diga yo, ¿no? Pero sí. Ocurre algo, y Boix. Pasa cualquier cosa, y Boix. Claro que muchas veces tengo que decir: «Y yo, a ver: ¿yo qué quieres que haga?»

-Explíqueme una cosa: ¿en qué momento se le ocurrió formar parte de esto, del mundo asociativo?

-En qué momento... ¿Sabe que yo fui presidente de la comisión de fiestas cuando era joven? Entre los 21 y los 26 años, si no recuerdo mal. Presidente de la Comisión de Fiestas del Barrio Plus Ultra. ¿Y sabe por qué? Mire, pasó así: cuando empezaron a formarse los movimientos de izquierda, después de la guerra, me refiero, yo hice mis pinitos, estuve en varias reuniones sindicales, cosas así. Hasta que un día vino mi padre y me dijo: «Si no vas a vivir de la política, mejor no te metas». Y yo no soy político, así que le hice caso, y para... No sé, para calmar, digamos, mis inquietudes, me metí en la comisión.

-Pero lo dejó...

-Lo dejé cuando me casé, pero también porque empezaba a tener más responsabilidades en el trabajo. De hecho, fue cuando me jubilé que entré en la asociación. Para mantenerme activo, ¿sabe? Es que yo pienso: si lo único que hiciera ahora fuera ver la televisión, no sé. Sería mi final.

-Bueno, si es así, se puede decir que por esto de mantenerse activo le dieron la medalla de oro de la ciudad, ¿no? Todo un reconocimiento. ¿En qué año fue?

-Eso fue en el 2003. ¿Sabe qué? Aquel día, básicamente, me acordé de mi mujer. Me emocioné, pensé que en ese momento, donde estuviera, me estaba viendo...