Ante las elecciones municipales y autonómicas

Las mujeres, ausentes de la campaña

Las dirigentes políticas deberían mostrar más sensibilidad por la situación de sus conciudadanas

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Las mujeres, ausentes de la campaña

MARÍA TITOS

Es creencia general que las convocatorias electorales sirven para que las formaciones políticas planteen los proyectos que piensan llevar a cabo a fin de conquistarse el favor de los ciudadanos, independientemente de que al final cumplan lo que prometen. Pero cuando se cuenta ya por días el plazo que resta para que se celebren las elecciones municipales y autonómicas, los estudios indican el desánimo y la desilusión de la ciudadanía respecto a la política, augurando una abstención récord en la historia democrática de nuestro país. De lo que sí estoy segura es de que la mayor abstención se producirá entre las mujeres.

En las encuestas que se realizan apenas he leído alguna mención sobre el posible comportamiento del colectivo femenino y no existe casi ninguna referencia a las mujeres pertenecientes a sectores de mayor edad. Pero no solo el voto femenino se consiguió hace casi 80 años, lo que debería movilizar a los dirigentes políticos a dedicar la campaña hacia las mujeres aunque solo fuera en beneficio propio, sino que los problemas de estas siguen siendo diferentes a los de los hombres.

En febrero se publicaron los datos de empleo y salarios en Euskadi, que informan de que las mujeres ganan la mitad que los hombres. Y en toda España la tasa de población activa femenina es la muy mezquina del 52%, es decir, 30 puntos menos que en Suecia y 20 menos que en Francia. El trabajo a tiempo parcial, el trabajo eventual y los contratos precarios son fundamentalmente femeninos, con largas interrupciones en los periodos de maternidad. El subempleo hace estragos en las mujeres y el 64% de las consideradas con inteligencia superior a la media, las llamadas genias, están en casa realizando tareas domésticas porque las empresas no quieren talentos en cuerpos de mujeres. Por eso ellas dedican tres veces más tiempo que los hombres al cuidado de menores y mayores y al mantenimiento del hogar, y, como remate de todas estas carencias, la violencia machista las agrede, abusa de ellas, las viola y las mata en una guerra sin fin.

Pues bien, ¿cuáles son los planes que proponen los partidos para la próxima legislatura? Los ayuntamientos tienen competencias para crear jardines de infancia, residencias de mayores, centros de día, casas refugio para mujeres maltratadas, cursos de formación profesional y otros servicios muy necesarios para aumentar la calidad de vida de los ciudadanos, así como disponen de la policía local. Las comunidades en las que hay elecciones ahora poseen ya en su mayoría competencias en educación, justicia y sanidad y, por tanto, deben invertir en mejorar estos deteriorados sistemas.

Cubrir suficientemente los servicios públicos significa para las mujeres la supervivencia. Si nuestro país tuviese una red de infraestructuras sociales que las ayudase a cumplir sus tareas de cuidado y domésticas, su participación en el mercado de trabajo se multiplicaría. No solo por la posibilidad de que demanden empleo, sino también porque los puestos que se crearían en la red pública serían ocupados por ellas. Aumentar el potencial laboral femenino significa no solo una cuestión de obligación moral de todo país democrático, sino también incrementar significativamente los ingresos del Estado a través de los impuestos y su contribución a la Seguridad Social. Y, lo que es aún más importante, darle un impulso a la natalidad hoy en franca situación de hundimiento. Al parecer, las españolas -¡quién lo iba a decir hace pocos años, en 1975 España tenía la natalidad venezolana, 3,7 hijos por mujer adulta!- tienen poco instinto maternal. Desde que consiguieron libertad para controlar su capacidad reproductora, la natalidad se hundió porque prefieren asegurarse su futuro profesional a dedicarse al cuidado de los hijos. Con 1,3 hijos por mujer adulta no se repone siquiera la generación anterior que precisa de 2,2. En pocos años España perderá población y con ello toda capacidad de reponerse de la crisis.

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Si a esta miseria añadimos la masacre que están padeciendo las mujeres, apaleadas, violadas y asesinadas en un fenómeno masivo inigualable en años anteriores, la población femenina española se empobrecerá estremecedoramente. Ya tenemos más de tres millones de viudas que constituyen el colectivo con menos recursos, sin que las mayores de 50 años tengan apenas posibilidades de insertarse en el mundo laboral. Y la próxima generación puede estar segura de que cobrará pensiones inferiores aún a las de su antecesora.

¿Es mucho pedir que los políticos dediquen algún esfuerzo para idear y prometer proyectos que contribuyan a remediar tal estado de cosas? Sería muy de desear que las mujeres dirigentes de los partidos mostraran alguna sensibilidad respecto a la situación de sus hermanas bastante más desfavorecidas que ellas, en vez de, imitando a sus colegas masculinos, dedicarse a repetir los mismos sobados temas de las polémicas que los enfrentan, y dedicaran algo de su tiempo a idear planes para sacar a sus conciudadanas de la pobreza, la marginación y la violencia en que el patriarcado las hunde. Abogada.