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Un fantasma recorre los gabinetes de comunicación. En la inteligencia colectiva de las redes sociales ha nacido una iniciativa de resistencia a que los medios de comunicación se resignen a funcionar como meros soportes de los formatos del poder. Muchos escépticos han aventurado su fracaso. Otros pensamos que, con el liderazgo de medios como esta casa, la batalla merece la pena.

De momento, ya hay algún resultado. El primero, romper la normalidad con que hemos aceptado que debatir o contestar es una opción estratégica del político, no un derecho ciudadano. Debates y preguntas pertenecen a la ciudadanía. No a los periodistas o los políticos. Recibir explicaciones es un derecho. Que les lleguen completas, libres y veraces es el deber del periodismo. No contar qué dijo mengano.

El segundo ha sido proponer una respuesta directa y contundente al «no hay preguntas». Si su objetivo pasa porque no haya preguntas, la respuesta adecuada es: «O hay preguntas, o no hay noticia». Protestar está bien. Pero no basta. Nunca ha bastado. No dudo, por ejemplo, de que mientras no se deje de cubrir ese timo que son las ruedas de prensa sin preguntas, seguirán convocándose.

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El tercer resultado ha sido reabrir el debate sobre qué es noticia. Cuando alguien no acepta preguntas para explicar qué ha dicho, no comparece para dar información, sino para colocar su mensaje. Que lo cuelgue en su web, o que adquiera espacios de publicidad. Así se garantiza efectivamente el derecho a la información del ciudadano. Distinguiendo con claridad entre información y propaganda.

Una democracia de calidad necesita información de calidad. Los periodistas tienen una oportunidad para hacer algo que reivindique el oficio, más allá de quejarse en la redacción o en el bar. Los ciudadanos pueden contribuir de manera decisiva premiando con su confianza a los medios que intenten hacer periodismo. Depende de ustedes.