Los jueves, economía

Estamos mal, pero vamos bien

El empujón de las exportaciones y el aumento de las inversiones indican que el panorama mejora

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Estamos mal, pero vamos bien

LEONARD BEARD

Hace unas semanas, al entrar en el auditorio donde iba a dar una conferencia sobre la situación económica, un amigo se me acercó y me dijo: «Danos buenas noticias; las malas ya las conocemos».

Me parece una buena actitud. A la economía se la ha llamado la ciencia lúgubre, quizá porque a los economistas se nos ve proclives a recordar constantemente que aunque algo esté yendo bien, siempre puede empeorar. Conviene hacer caso a mi amigo.

¿En qué fijarse para ver si hay buenas noticias? Sin duda, tres variables: la actividad económica, el empleo y el crédito. Son como los órganos vitales del cuerpo económico. Si sus constantes mejoran, el estado general del enfermo acabará mejorando.

¿Hay buenas noticias sobre estas constantes vitales? Las hay.

Comencemos por la actividad económica. Si miramos la economía española en su conjunto, en el 2010 permaneció estancada. Los datos del INE así lo confirman. Ni crecimiento, ni recesión.

Pero, si al conjunto de la economía le sacamos la construcción y las actividades vinculadas, entonces nos encontramos con una agradable sorpresa: la economía no vinculada a la construcción creció un 1,7%

de media en el 2010. Esta es una primera buena noticia.

¿Qué es lo que está tirando de la economía, si la construcción está parada? Las exportaciones. Su comportamiento es espectacular. La española es la economía de la OCDE (el club de los ricos) que desde el 2002 ha mantenido mejor su cuota en los mercados internacionales. No es poco, teniendo en cuenta que son los años de la competencia de China como gran exportador. Y ha sido además la que mayor dinamismo exportador está manteniendo durante la crisis. A excepción de Alemania. Pero esta, como sucede con algunas películas en los festivales de cine, va fuera de concurso.

Esto es muy importante. Porque si van bien las exportaciones, entonces es posible responder al gran reto de la economía española en este momento: desendeudarse y, a la vez, crecer. Y parece que, lentamente, se está consiguiendo.

Pero eso fue en el 2010. ¿Cómo irá en el 2011?

Fijémonos en esta ecuación: el PIB es igual a consumo más inversión, más exportaciones, menos importaciones. Si esas variables dan señales positivas, las cosas irán mejorando. Veamos.

Las exportaciones continúan yendo muy bien en el 2011. El mes de enero, por primera vez en nuestra historia, el saldo comercial de España con la UE ha sido positivo. Otra buena noticia.

Por su parte, las inversiones empresariales se han recuperado, impulsadas por las exportaciones. Como, además, el grado de utilización de las máquinas y equipos existentes es ya elevado, las empresas necesitarán ampliar sus inversiones. Por este lado, también hay buenas noticias.

¿Y el consumo? El privado está débil, porque muchas familias, después de una orgía de crédito, están desendeudándose y reducen el consumo. Y el consumo público está en etapa de recortes. Por este lado, las cosas no parece que vayan a ir bien.

Pero aun así hay alguna luz. Para verla hay que fijarse en el ahorro. En los primeros meses del 2011 ha bajado. Aunque sorprenda, es una buena noticia. Tasas de ahorro elevadas como las de estos años indicaban miedo al futuro e incertidumbre. Que se reduzcan significa que la confianza aumenta. Y esto traerá aumento del consumo.

¿Y el empleo? Si las inversiones aumentan, tarde o temprano el empleo aumentará. De momento, los últimos datos del paro conocidos esta semana no son halagüeños. Pero para buscar señales alentadoras en este terreno es mejor fijarse en las afiliaciones a la Seguridad Social. Están aumentando, y eso significa que se están creando nuevos empleos, aunque aún no sean suficientes para ocupar a todos los que buscan trabajo.

Que todo esto no es un cuento de hadas se puede comprobar viendo cómo está cambiando la actitud de los mercados financieros internacionales hacia España. Las primas de riesgo de la deuda pública han descendido y se ha alejado el fantasma del rescate.

Y se ha vuelto a abrir el grifo de financiación externa para las emisiones de las grandes empresas y la banca española. Este es un paso previo para que después el crédito minorista vuelva a fluir hacia empresas y familias. Aunque tardará en normalizarse, porque los bancos y las cajas están también desendeudándose y necesitadas de nuevo capital.

Y cambian también las actitudes hacia España. Basta leer el elogioso editorial del martes pasado del influyenteFinancial Times, un medio nada complaciente con España y con el presidente del Gobierno.

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En resumen, y si me permiten autocitarme, el año 2006 dije que estábamos bien, pero íbamos mal. Hoy pienso que estamos mal, pero vamos bien.

Estas son buenas noticias. Las malas ya las conocen; no hace falta que yo haga el papel de economista lúgubre. Catedrático de Política Económica (UB).