Las revueltas en el norte de África y Oriente Próximo

El miedo ha cambiado de bando

El problema central del mundo árabe radica en el mal gobierno, la ausencia de libertades y la corrupción

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El miedo ha cambiado de bando

El mundo árabe, desde el océano Atlántico hasta el Golfo, vive momentos históricos. Su mapa político se redibuja de nuevo; un cambio profundo está sucediendo, a veces con final pacífico y otras a sangre y fuego. La chispa que encendió Mohamed Buazizi despertó a la población dormida que ha derrumbado el telón del miedo. En las últimas décadas, los pueblos temían el poder del gobernante y la supremacía de los militares. Hoy, son los gobernantes los que, por temor a la voz del pueblo, empiezan a ceder a las demandas, asustados por las revueltas e incapaces de frenar las ansias de sus jóvenes, que cuentan con un aliado inesperado: los nuevos medios y redes sociales y de comunicación.

Cuando empieza  transición en Túnez y Egipto, la situación en Libia y Yemen se mueve hacia los extremos, castigando con más sufrimiento a los pueblos. Mientras, otros países se suman a la demanda democrática: Bahréin, Jordania, Marruecos, Argelia, Siria, y esto seguirá.

Las revoluciones no nacen del vacío, sino de la acumulación de la humillación, el castigo colectivo y la marginación. Las razones que motivan el movimiento en las calles árabes son similares, pero las circunstancias son diferentes. La meta final y cómo interactúan las causas serán distintas en cada país debido a sus características: la historia, la estructura social, las relaciones y el grado de coherencia entre sus componentes, las relaciones con la comunidad internacional, y la naturaleza del tirano. Hay muchos denominadores comunes en el ejercicio de los pueblos y en el comportamiento de sus gobernantes, pero no son suficientes por sí mismos para llegar a conclusiones iguales ni a determinar la salida o dibujar un horizonte de futuro.

Los jóvenes salen de las universidades o las escuelas para acudir a las plazas. No pertenecen a partidos, pero comparten la realidad de la desesperación y el deseo. No están  motivados por un líder inspirador o espiritual. Las redes sociales facilitan las citas. El espacio abierto los protege de las prácticas que los regímenes utilizaron para silenciarles.

El miedo ha cambiado de bando. Son conscientes de las décadas perdidas de pobreza, de desarrollo estancado, de ausencia de derechos, de desempleo. Ya no hay más pretextos y el plomo puede ser costoso para los gobernantes. Ha terminado la era de la eterna tranquilidad por excesiva, como es la ansiedad permanente cuya duración es perjudicial. Hay que empezar a construir el futuro aunque sea incierto .No hay vuelta al mal sueño porque la apuesta por la dignidad y la libertad ganará, aunque el camino sea largo y doloroso.

Es evidente que la mayoría de los gobiernos árabes han interpretado tarde y mal las  transformaciones del mundo. No hay otra opción que escuchar a la gente. Se requieren decisiones valientes que permitan el diálogo, porque ya no se puede ocultar la verdad. Sería simplificar demasiado pensar que las revueltas están causadas por los altos precios y el paro galopante. El descontento ante la situación económica puede ser un detonante, pero sería un gran error creer que es la causa de todo cuando el problema central radica en el mal gobierno, la ausencia de libertades, la corrupción y la demanda de derechos políticos y de democracia. Los líderes árabes deben analizar correctamente las lecciones de los acontecimientos si quieren evitar el mismo destino.

Todavía es prematuro extraer una visión global de la situación, pero se puede apuntar una serie de conclusiones que serán factores a tener en cuenta independientemente de los resultados finales. En primer lugar, no se podrá implantar un sistema en contra de la voluntad mayoritaria de un pueblo. En segundo,  hay que priorizar la ecuación pan, libertad y dignidad humana y no utilizar las cuestiones de la ideología nacional, los conflictos regionales, la religión o la lucha contra el imperialismo.

Otra lección es la caída de las formas tradicionales de manifestarse y la irrupción de Facebook y Twitter, que en el tiempo globalizado de la comunicación han adquirido un papel muy destacado en el enlace y la coordinación. Por último, otra conclusión nos enseña que el cambio debe ser logrado por las mismas sociedades, no impuesto desde el exterior.

No hay conspiraciones externas que muevan las revoluciones sociales, como se ha insinuado. Los gobiernos deben responder de manera permanente, y no temporal, a las demandas y escuchar los mensajes del pueblo. Deben continuar presentando iniciativas positivas y serias que contribuyan al restablecimiento de las reformas políticas, con el fin de reforzar los principios de la justicia social y los derechos humanos y proteger la dignidad de los ciudadanos, la libertad, la seguridad, y no sus propios y estrechos  intereses.

Es solo el comienzo de un largo viaje. Se están dibujando nuevos mapas. Estamos frente a grandes interrogantes que esperan encontrar respuestas que permitan a esta región alcanzar el tren de las transformaciones.

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Experto en asuntos árabes

y mediterráneos.