Pequeño observatorio

Oriol Regàs, memoria de una hora

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Ha muerto Oriol Regàs, el hombre que fundó el Boccaccio y el Up&Down; el que atravesó África en moto; el de la aventura de navegar en el junco Rubia desde Hong-Kong; el que quiso llevar a los manifestantes encerrados en Montserrat, rodeados por la policía, una comida preparada en el Via Veneto, el restaurante de lujo que había fundado; el que promovió algunos grandes recitales de la Cançó; el hombre que solo dormía tres horas («y no seguidas», como un día dijo). Lo entrevisté hace años en TV-3, en aquel tiempo en el que todavía se podían hacer entrevistas de una hora, profundizando con calma. Recojo ahora, en homenaje a su singular figura, alguna de sus frases, que en un artículo como este tienen que ser pocas y cortas:

«Me entiendo muy bien con los animales. Sobre todo las jirafas, porque es el único animal que no emite sonidos. Puede atacarla un león y sigue muda. También me seducen las vacas. Las he mirado muchas veces a los ojos, y no sé si es un animal que está por encima del bien y del mal, si tiene una inteligencia preclara o si es tonta de remate. Entonces pienso que es lo mismo que la gente debe pensar de mí».

«¿Recuerdas cuando te presentaban aquellos cuestionarios, y te pedían cómo querías que fueran tus amigos? La gente contestaba: que sean fieles, honestos... No, no. Los amigos tienen que ser cómodos. Su vida privada no me interesa. La comodidad es importantísima».

Le pregunté cómo se explicaba el éxito de sus locales nocturnos en los años 60 y 70. «Supongo que es una suma: la música, el aturdimiento de la gente -contestó-. Es un mundo extraño, con alcohol, a veces alguna pastilla, la soledad, las ganas de comunicarse. Algún sociólogo quizá dará una cierta importancia a este mundo extraño de la noche, que va más allá de la simple diversión».

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El hombre que inventó espacios para una gente especial no fumaba ni bebía: «A veces noto que he ido toda la vida drogado de entusiasmo, de ganas de hacer cosas, que es más fuerte que fumar un porro o beber una botella de whisky. Y si un día me acuesto de madrugada, y antes te he dicho que te llamaría mañana a las nueve, yo te llamaré a las nueve, pase lo que pase». Le dije que su cerebro no paraba, ni su voluntad. Y respondió con una magnífica frase: «Sí, pero tener voluntad cansa».

Este hombre ha muerto. Me enseñó un dibujo que Dalí le había dedicado con esta frase: «A Oriol Regàs, el único catalán que funciona».