04 abr 2020

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El turno

¿El Estado contra las naciones?

J.M. Terricabras

Mucha gente no diferencia Estado de nación. La distinción es importante en todo el mundo y también, claro está, en España. Cuando hablamos de Estado nos referimos a una organización político-administrativa que puede afectar a una sola nación o agrupar a muchas. La nación, en cambio, es la comunidad de personas unidas por la historia y la cultura, la lengua, las costumbres y las tradiciones, el derecho, el sentimiento de pertenencia y la voluntad de proyectarse hacia el futuro.

Por eso las naciones son más fuertes que los estados: una Administración se puede hacer, deshacer y rehacer, pero una nación tiene la estabilidad y la cohesión que le dan los sentimientos, las complicidades y los implícitos compartidos durante siglos. De hecho, las naciones europeas se han mantenido e impuesto por encima de muchos estados. El Gobierno de Madrid, no obstante, se empecina en querer eliminar las diferencias nacionales en el Estado español, y lo hace incluso en los anuncios, identificándose a sí mismo como «el Gobierno de la nación» en vez de presentarse como el Gobierno del Estado.

He vuelto a pensar en todo esto el fin de semana, que he pasado en la Franja de Ponent invitado por unos amigos de allí, trabajadores infatigables a favor de la cultura catalana, que es la suya y la mía. La cosa es muy fácil de entender: Fraga o Mequinenza, por ejemplo, pertenecen a la Administración del Gobierno de Aragón, pero han sido, y continúan siendo, tierras de habla y de cultura catalanas. El catalán está en las conversaciones de la calle, hablan catalán -porque lo han aprendido en casa- los políticos, los tenderos, los maestros y los alumnos, los escritores y los deportistas. Lo que resulta sorprendente es que no sea la lengua (ni siquiera una lengua) de la Administración, oficial y pública.

En el Principat pasaba en el franquismo, hay lugares en los que todavía pasa. ¿El Estado contra una nación? Pura insensatez política.