Ir a contenido

Gente corriente

Inés Cuatrecasas: «A los 11 años me metí en una jaula y grité 'no a las pieles'»

Núria Navarro

Inés Cuatrecasas podía haberse dedicado a las compras y a los deportes de temporada -su padre es el poderoso abogado Emilio Cuatrecasas-, pero eligió arriesgar y hacer del diseño de moda un trabajo ético. Junto a su compañero, Marc Oliver, se ha instalado en Ruanda y ha creado una marca respaldada por el jurado de los premios a jóvenes emprendedores sociales de la Universidad Europea de Madrid.

-Su vida podía haber sido distinta.

-Mi padre siempre ha tenido un espíritu emprendedor y nos lo ha transmitido a mis dos hermanas y a mí. Nos ha enseñado a asumir riesgos, a no temer al fracaso porque de él siempre se aprende, a considerar la vida como una aventura.

-Lo fácil era formar a una heredera para su prestigioso bufete.

-Él quería que emprendiéramos un camino por convicción propia. Por otra parte, estaba mi madre, que nos potenció la parte social y nos transmitió su pasión por África.

-En sus manos estaba obviar todo eso, llevar una vida ociosa.

-Siempre estuve vinculada a temas sociales. A los 11 años ya me metí en una jaula y grité «no a las pieles» en un acto de protesta de la organización PETA (Personas por la Ética en el Trato de los Animales).

-¡A los 11 años!

-Mi madre venía conmigo a repartir octavillas, ¿eh? Un año después hubo una convención de peleteros en el Círculo Ecuestre. Cuando llegó el turno de preguntas, interpelé a los ponentes sobre la crueldad que suponía su obtención. Recuerdo que todas aquellas ricas con sus abrigos de pieles me clavaron la mirada. Sus caras reflejaban un: «¿Pero tú no eras de nuestro club?». No conseguí nada, pero creé algo de polémica.

-¿Se quedó sin club?

-Siempre nos relacionamos con mucha gente. Por ejemplo, montábamos a caballo en una pequeña hípica de Argentona no en el Club de Polo.

-Y ese espíritu libre ha encontrado en África el mejor escenario.

-(Ríe) Había viajado muchas veces a África con mi familia. En una de ellas, fui con la organización que preside mi madre, África Digna, dedicada a proyectos de educación y salud, y conocí a Antoinette Mukakalisa, una extraordinaria ruandesa, descendiente de reyes, que se exilió en el Congo durante la guerra y, al volver, fundó Tujijurane, una organización que se dedica a escolarizar a niños pobres y a capacitar a mujeres en talleres de costura. Ella me animó a que fuera.

-Y fue.

-Sí. Estaba acabando en la escuela de diseño y decidí hacer el proyecto de final de carrera en Ruanda. Era verano y me instalé con una amiga en un piso pequeñito en Kigali, al lado del taller de Antoinette. No teníamos luz y había ratas, pero nos pareció maravilloso. Miramos materiales, estudiamos qué cooperativas utilizar, buscamos un concepto y diseñamos una colección.

-Al final, acabó arrastrando a su compañero.

-Marc y yo creemos que en África no todo son guerras, dictadores y hambrunas. Hay gente que sabe coser, hablar una lengua y administrar. Son profesionales a los que no se les da voz. En el 2006 apostamos por ellos para hacer una marca made in Africa de calidad, Mille Collines, que conecta dos mundos: la tendencia de la moda con la tradición africana.

-Ropa en el cruce de caminos.

-Sí. Ese punto de encuentro es bueno para los occidentales, pero también para los africanos, porque ellos no quieren ir con el vestido tradicional toda la vida, sino llevar un producto que les conecte con el mundo.

-Con el concepto en la cabeza, ¿por dónde empezaron?

-Primero abrimos en Kigali una tienda sin concepto de tienda, un laboratorio para ver cómo reaccionaba la gente ante nuestros productos.

-Les gustó, imagino.

-Reaccionaron bien y, en agosto pasado, abrimos una tienda concebida por Marc en Nairobi (Kenia). Hemos vendido a tiendas multimarca de España, los almacenes Macy's nos hicieron un encargo para toda Norteamérica y la marca Anthropologie nos pidió una colección.

-Vaya éxito. Y eso en un país devastado por la guerra.

-Nos esforzamos en comprender y no siempre es fácil. Hay muchas cosas que a ellos se les remueven por dentro. Intentamos que los 22 miembros del equipo tengan la sensación de pertenecer a una misma causa.

-Total, hemos perdido una buena abogada.

-No. Y mi padre está muy orgulloso de mí. He encontrado mi camino.

0 Comentarios
cargando