29 mar 2020

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El turno

Demasiado desorden e incoherencia

J.M. Terricabras

El pasado domingo, día 30, conmemoramos el vigésimo aniversario de la muerte de Josep Ferrater Mora, el filósofo catalán más importante de la segunda mitad del siglo XX. Él decía que las dos cosas que más le molestaban eran el desorden y la incoherencia. Los que lo hayan leído entenderán enseguida qué quería decir. Ferrater era un maestro en el arte de la claridad, de la argumentación muy trabada. Se puede discrepar o estar de acuerdo con él, pero sus razonamientos son siempre precisos, transparentes.

Desgraciadamente, nuestra vida pública -ahora me limitaré al ámbito internacional- está llena de desorden y de incoherencia. De hecho, tenemos muchos ejemplos de cómo las decisiones arbitrarias y el autoritarismo causan desorden y caos. Lo vemos en Irak, donde el orden cruel de Sadam Husein fue sustituido por un desorden no menos cruel que no sabemos cuándo cesará. La precipitación de la invasión aliada ha sido desastrosa.

Las revueltas populares, las que se producen ahora en Túnez y Egipto, por ejemplo, son otra cosa, pero topan con la lógica de todas las dictaduras, que por eso lo son: no consienten oposición ni alternativa; la dictadura es un orden que no admite ningún otro. Así, el paso de la dictadura a la democracia es dramático, porque a menudo no hay recambios ordenados y a punto, no hay liderazgos alternativos y aceptados.

La población que quiere romper este orden absoluto se encuentra embarrado en el desorden y la conmoción. Pero esto no es debido a la maldad de la gente, sino a la maldad de la dictadura que lo ha provocado. Es la incoherencia de establecer un orden insostenible y desordenado. El orden inteligente tiene que ser siempre un orden abierto, discutible, provisional.