22 oct 2020

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Gente corriente

Raimon Martínez: "He traspasado la línea que separa la vida y la muerte"

Gemma Tramullas

-¿El oso que sale con usted en la foto es el del anuncio con Iniesta?

-Es Tima, sí. He estado en varios rodajes con ese oso, un animal perfectamente adiestrado por Pavel Vyakin. Entre 5.000 osos, solo hay uno como él, pero siempre hay que tener presente que son animales salvajes, que pasan de quererte a matarte.

-Menudas amistades se gasta.

-Hay quien se dedica a los leones y aquí se acaba la historia, pero yo lo toco todo. Algunos me llaman el Steve Irwin español, porque toco serpientes constrictoras, venenosas, lagartos varanos, cocodrilos... ¿Se acuerda de Steve Irwin?

-¿El que hacía aquel programa de la tele con cocodrilos? Murió, ¿no?

--De la manera más tonta: lo mató una manta raya durante un rodaje. Un tío que se la jugaba cada día, que tenía las piernas destrozadas por mordiscos de cocodrilos y serpientes... Pero tenía un problema muy grave: estaba muy pendiente de la cámara, no del bicho. Jamás debes dar la espalda a un animal salvaje.

-Seguro que de niño tenía mascota.

-Mi padre era militar y nací en Marruecos. Desde pequeño me gustaban los animales. A los 4 años ya tenía ocho pájaros escondidos debajo de la cama y con 10 tenía un jabalí y monos. Tenía pasión por los bichos, pero por los que no eran peligrosos.

-Pues un jabalí con 10 años no está mal. ¿Cómo pasó al mundo salvaje?

-Hace 20 años me vine a Ibiza y aquí había un tipo que tenía dos pumas. El dueño alejaba al macho hasta el fondo de la finca y la gente entraba a hacerse fotos con la hembra, que era más pequeña. Aun así pensaba: «¿Meterme yo en una jaula? ¡Ni loco!». Pero me convencieron. Entré acojonado, con un pánico terrible. La hembra parecía tranquila, pero el macho vino desde el fondo y se abalanzó sobre mí. En aquel momento, el miedo se convirtió en poder y neutralicé al animal, que empezó a lamerme como un perrillo.

-¿De qué poder habla?

-Es una conexión. Al mirar a través de los ojos, impongo mi autoridad y no me ven como a un enemigo. A partir de ahí empecé a entrar en el mundo de los animales salvajes, pero jamás pensé que me metería con el veneno, que es un mundo tabú.

-Pero también se metió.

--Durante un rodaje en Marruecos, el especialista se puso enfermo y me pidieron que manipulara una tarántula regalis, una de las más venenosas. Pues me hice con el bicho, que empezó a hacer lo que yo le pedía. Paciencia, respeto y prudencia es lo que se necesita para manipularlos.

-¿Ha peligrado su vida alguna vez?

-He tenido algún problema, pero accidentes ni uno. Una vez trabajé en un rodaje con una pantera negra, que se había mostrado buena y maravillosa durante el día, pero por la noche bajé a su jaula y fue a por mí.

-¿Y qué hizo?

-Seguí p'alante hasta que la arrinconé; levanté los brazos en cruz, para que me viera más grande, y le di en la boca antes de que pudiera reaccionar. Si tiro p'atrás, me devora.

-¿Por qué le atacó?

-Llevaba una colonia con sustancias animales y le era desagradable. Me duché, volví a entrar en su jaula y el animal era una joya. Entre el mundo humano y el salvaje puede haber unión y respeto, pero hay un gran abismo. Nunca puedes bajar la guardia, porque el animal más bueno te la puede jugar. Un cocodrilo criado desde que nace, pasa de quererte a comerte en un momento. No es que haya animales buenos y malos, sino que su instinto es cazar y matar.

-Llevarlos a la tele, rodar anuncios y películas... ¿No les afecta?

-Yo sé cómo viven, cómo piensan y cómo sienten mis animales. Por los ojos detecto si están en condiciones de trabajar o no. Son parte de mi familia y la tristeza en cautividad no la tiene ninguno de mis animales. Me considero un gran ecologista, a mis animales los quiero con locura y doy conferencias porque he recorrido infinidad de países donde los he visto en su hábitat. Pero deje que le responda a una muy buena pregunta.

-Adelante.

-¿Se puede educar el instinto de un animal salvaje? No se puede. Se puede controlar adiestrándolo pero, cuando lo pones en una situación en la que el instinto anula el entrenamiento, alguien puede resultar gravemente herido o…. Sería bonito que pusiera este título: vivir al límite.

-Vale que se haga usted mismo las preguntas, pero lo del titular me lo dejará a mí, ¿no?

-Es que es la realidad. Yo he traspasado la línea que separa la vida y la muerte.