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La directiva del FC Barcelona anunció ayer la caída de un tabú: el equipo lucirá la próxima temporada publicidad en la camiseta, por primera vez en sus 111 años de historia. El acuerdo, que se firmará el lunes, será comercial, aunque la publicidad no puede considerarse estrictamente comercial, al tratarse de la Qatar Foundation, una fundación del emirato qatarí presidida por la mujer del emir y que se dedica a la promoción de la educación y de la sociedad del conocimiento. El acuerdo tiene la ventaja de que puede compartirse con el nombre de Unicef en la camiseta, como venía exhibiendo el Barça en las cuatro últimas temporadas.

Aunque ayer ya se levantaron voces descalificando el acuerdo como una traición a los principios y valores del club, la solución alcanzada -publicidad de una fundación compartida con Unicef- es razonable. El Barça ha causado la admiración de todo el mundo por su iniciativa de publicitar Unicef, fondo al que abona 1,5 millones de euros anuales, pero es cierto, como dijo ayer el vicepresidente económico, que un club no puede ser solidario perdiendo dinero. Tampoco puede ser un club poderoso acumulando pérdidas. Precisamente, la directiva ha justificado la decisión por la delicada situación económica del club, que hace imposible renunciar a los ingresos por publicidad, debido a la «deuda heredada» de la junta anterior, cuyas cuentas están en los tribunales. Desde este punto de vista, el pacto es excepcional -30 millones de euros en cinco años- y rompe todos los récords en el mundo del futbol, superando los contratos del Manchester United y del Liverpool, y también el del Real Madrid (siete millones anuales más).

Más discutible es, sin embargo, el argumento de que la decisión no debía pasar por la asamblea de compromisarios porque los socios ya se pronunciaron en el 2003 a favor de poner publicidad en la camiseta. ¿Un acuerdo tomado hace siete años sigue siendo válido cuando tantas circunstancias han cambiado, y entre ellas la composición de la directiva? Aunque la necesaria discreción puede explicar que no se llevara a la asamblea pasada, podrían hallarse fórmulas para que los socios ratificaran el acuerdo, en aras de la transparencia que Rosell siempre ha defendido.