El turno

Queremos noticias positivas

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No sé ustedes, pero yo, desde hace un tiempo, cada vez que oigo una noticia positiva siento un alivio que me serena el espíritu y me reconcilia con el mundo que me rodea. Seguramente lo que me pasa es un síntoma de que ya estamos hartos de noticias negativas. Cansados de tanta realidad, siempre nos queda la salida de jugar a inventárnosla. Te imaginas que, por la mañana, mientras mojas el cruasán en el café con leche, lees en el diario informaciones irreales y sorprendentes. En la portada, en letras muy gordas, el rotativo explicaría que, en vez de declarar una huelga salvaje, los controladores aéreos, plenamente conscientes de la situación que atraviesa el país y para solidarizarse con el resto de la clase trabajadora, habían decidido voluntariamente bajarse el sueldo un 50%.

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En la misma página, algo más abajo, la segunda noticia del día: nuevas y sorprendentes revelaciones de Wikileaks. Los papeles secretos del Departamento de Estado norteamericano nos revelarían que Hillary Clinton tuvo un asunto sentimental con un becario del Partido Demócrata, que la Casa Blanca presionó al Gobierno chino para que mejorase la calidad de los miles de restaurantes chinos que hay repartidos por todo el mundo o que la UE y EEUU están a punto de cerrar un acuerdo para resolver el problema del hambre en África, eliminar todas las armas de destrucción masiva y cerrar las industrias contaminantes.

El otro día hablaba con una persona que tiene tres familiares que trabajan de controladores aéreos. Recordaba cómo había resuelto un problema parecido Ronald Reagan en EEUU en 1981: despidió a la práctica totalidad de la plantilla y problema resuelto. El hombre estaba convencido de que aquí pasará lo mismo. Han echado un pulso al Gobierno y lo han perdido. Se han acabado los problemas con los controladores aéreos para siempre jamás. ¿Ven como todavía nos queda alguna chispa de luz para ser optimistas?