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Paco Almirante: «Me levanto, abro los brazos, hago la señal... y nace la ola»

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Paco Almirante.

Paco Almirante. / JULIO CARBÓ

-Empieza...

-Empieza con una ola hace unos ocho años, en el Camp Nou. Una ola espontánea. Yo la vi y pensé... pensé que ahí había un resquicio. Pensé: «Igual aquí se puede hacer algo».

-Olas.

-Hacer una cosa sistemática. Pensé que podía lograr que hiciéramos olas siempre que estuviéramos contentos, en la tribuna, para premiar, hacer un homenaje al equipo. Lo estuve pensando... y un día me decidí.

-E hizo una ola.

-Lo intenté. ¿Sabe cuánto tiempo me tomó hacerlo? ¿Implantar el sistema? ¿Que la gente se animara? Dos años. ¿O tres? Pues eso, dos o tres.

-Pues sí que costó.

Y mucho: porque allí, en el gol norte, más que ignorarlo le dieron trato de iluminado, y le gritaron que se sentara, que dejara de incordiar; y como al final ganó la perseverancia (lo dice él), hoy Paco Almirante no solo puede hablar de sí mismo en tercera persona, y decir que es el hombre de la ola, sino casi tomarse a sí mismo como un precursor. Un pionero.

-Para empezar una ola se necesita que todos en una franja de la tribuna se pongan de acuerdo, y eso fue lo que yo tuve que trabajar durante dos años. O tres. Pero la satisfacción mía es que a día de hoy hay partidos en los que ya no soy yo el que pide la ola, sino que me la piden. Porque hoy en día la ola no la hace solamente Paco. La ola la hacen Paco y sus 5.000 incondicionales del gol norte.

-Y la hacen... ¿Me puede explicar qué hacen? ¿Cómo la hacen?

-Pues mire, funciona así: yo me doy la vuelta, me subo en el asiento, estiro los brazos... y ya: ahí tengo a mis 4.000 o 5.000 incondicionales haciendo lo mismo, estirando los brazos y haciéndolos temblar, vibrando, listos para la señal. Y la señal la doy yo. Grito: «¡Uno, dos...!», y cuando digo «¡tres!», arranca. Y es el momento más bonito. Cuando nace.

-Y ya. Lo demás es ósmosis.

-No, no, no. Todo depende del lateral. Nosotros podemos conseguir que la ola despegue, pero a veces en el lateral se estanca, se desinfla. Eso es porque no la ven venir, la tienen muy encima. A veces tengo que hacer cuatro o cinco intentos hasta que la cosa cuaja. Pero si pasa la prueba del lateral, el resto es cosa hecha.

-Y tenemos ola. ¿Y siempre que hay ola es por usted? Quiero decir: ¿Usted y sus incondicionales?

-Casi. Personalmente me gusta que empiece también en otros sitios. Que haya más gente comprometida.

-Vale. Y todas estas molestias son para premiar al equipo, ¿no? Hacerle un homenaje, me dijo.

-Sí. Mire, yo, como sabe, soy directivo de la Unió Esportiva Cornellà, y allí he comprendido que es cierto eso de que el público es el jugador número 12. Por eso creo que en el campo del Barça el público debería participar más. ¿Le cuento algo?

-A ver.

-Yo estuve en la final de la Copa del Rey, el Atlético-Sevilla, y fui solo para que se me cayera la baba. Con las aficiones, quiero decir. Que 20 minutos después de haber perdido la gente del Atlético estuviera aún gritando, cantando, apoyando al equipo... yo tenía los pelos de punta.

-Y es lo que le gustaría...

-Conseguir eso es muy difícil, pero solo un 20% de eso... Tampoco es mucho pedir. Una cosa, eso sí: que quede claro que soy culé de pies a cabeza, que moriré culé... pero eso no impide que envidie a otras aficiones.

-Bueno, ya ha conseguido una ola. Mejor aun: un sistema de olas.

-Sí... Bueno, hay algo que no he mencionado, y es que es difícil hacer olas con un 0-0. O con 1-0, incluso con 2-0. Con 3-0 ya es otra cosa. Ojalá no fuera así. Pero cuando todo el estadio, cuando esas 100.000 personas... cuando consigo que todos se levanten y hagan la ola... no se puede describir. Para mí, es de las cosas más bonitas que quedan en este mundo.

-Puro sentimiento.

-Por supuesto, esto es una cuestión de sentimientos. Mire, tenemos la suerte de ser aficionados de un club que nos trae siempre lo mejorcito que hay en el mundo, y mi opinión es que la gente no responde como debería. Hay que expresarse más.

-Hay gente que le dirá que es lo que hay, que es el ADN culé...

-Sí, vale, el ADN culé. ¿Pero sabe qué? Es por los jugadores. Cuando 100.000 personas hacen la ola, ellos allá abajo lo sienten. Estoy seguro.

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-¿Hizo muchas olas el lunes?

-Bueno, intentamos hacerla tres o cuatro veces y salieron un par. La verdad es que al estadio lo recorrieron sentimientos que hacía tiempo no había. Fue una fiesta total.