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El mapa mundial que dibujan los hechos

Rodear a China

Xavier Bru de Sala

Estados Unidos desarrolla una estrategia que sitúa al gigante asiático en el centro de un círculo

Existen hechos que, una vez unidos, trazan una línea, o incluso revelan un dibujo. Comencemos por el viaje del presidente Obama a la India, a principios de mes, para reforzar la alianza estratégica con el gigante asiático emergente y democrático. Estados Unidos se ha convertido en el padrino de las aspiraciones indias de ingresar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Más allá de los gestos, son de primera magnitud las transferencias de tecnología, que incluyen el beneplácito implícito a la ilegal proliferación nuclear del subcontinente. No solo la India no tiene que temer a China, sino que debe ser capaz, llegado el caso, de plantar cara al gigante vecino.

Tracemos una línea desde aquí hasta la cumbre de la OTAN de la pasada semana en Lisboa. Se tomaron dos grandes decisiones, la retirada de Afganistán y la inversión en las relaciones con Rusia, que pasa de enemigo potencial a socio principal. La puesta del contador de las relaciones a cero significa que se ha recorrido ya más de medio camino. En pocos meses hemos pasado del famoso escudo antimisiles, en prevención de un posible ataque nuclear ruso, a la perspectiva de compartir el escudo para prevenir ataques exteriores a Europa y Rusia. Los halcones americanos y rusos no lo ven nada claro. Esperemos que lleguen tarde para rectificar. La impresión, tal vez errónea por intuitiva, es que no habrá marcha atrás, puesto que la modernización y el progreso de los rusos pasa por Occidente. Por otra parte, se han desvanecido las protestas por la violación de los derechos humanos y las dudas sobre la calidad de la democracia o las derivas autoritarias de Putin y Medvedev. En todo caso, no pesan, o a lo sumo se confía en el bálsamo futurible de la occidentalización. Todo por el pragmatismo. La razón de fondo la tiene el mapamundi y está detrás de Rusia. ¿Quién hay al otro lado? China, la temible China.

Prosigamos por la enésima agresión de Pyongyang a sus vecinos. La gravedad del incidente no es exagerada. Está claro que poca gente cree en la posibilidad real de las guerras hasta que estallan, con todo su horror, pero en este caso no parece que el Norte quiera echarse atrás. El firme apoyo norteamericano a Corea del Sur es parejo al que China, siempre China, concede al Norte, aunque sea a regañadientes. Es previsible que Occidente, encabezado por Estados Unidos, endurezca las posiciones para hacer frente a las amenazas de Corea del Norte. Llegado el caso de una intervención militar, China tendría que tomárselo como una casi agresión. La solución consistiría en frenar al nuevo mandatario, Kim Jong-un, pero si este peón sigue yendo a la suya, no le quedará otra que defenderlo. Al norte, al sur y al este no tiene otros aliados. Menos Corea del Norte, todo el mundo la teme, nadie quiere aliarse con ella, todos están dispuestos a ampararse en el paraguas norteamericano y reforzarlo.

El dibujo americano está bien claro: rodear a China con la colaboración de todos los implicados. Se trata de un círculo preventivo, no de una amenaza a la potencia erigida en banquera de Estados Unidos. La respuesta del régimen chino, además de comprar muchos dólares, unos cuantos euros y lo que convenga, consiste en reforzar vínculos con Irán. Al oeste sí tiene campo para correr. Pakistán, y si fuera posible a partir de ahí Afganistán después de la retirada de la OTAN. Seguro que también Irán, erigido en suministrador de energía, a cambio de tecnología sensible y protección en el Consejo de Seguridad.

Ahora miremos hacia Corea y tal vez habrá un incendio, pero el centro del tablero geoestratégico se encuentra en Oriente Medio y no en Extremo Oriente. En donde pone algo que no sean mercancías o dinero, China, en principio socio nada belicoso, país fiable y estable, se inclina por proteger o amparar a amigos que son belicosos y ciertamente peligrosos. Con una mano hace buenos negocios con todo el mundo y contribuye al orden mundial, pero con la otra, aunque sea de forma indirecta, alimenta o da alas a los principales focos de desestabilización del mundo. Pero está lejos de controlarlos, y eso también incrementa los riesgos. Dada la impenetrable mentalidad china, tal vez se justificarían aduciendo que se sienten obligados. Pero es cierto que, de esta forma, aliados de los países más antioccidentales y desestabilizadores tampoco van a tener cola de posibles amigos.

La crisis pasará, pero durante unos cuantos decenios persistirá, con variaciones poco sustanciales, el dibujo estratégico que convierte las irresponsables ilusiones del New American Century en red multipolar. Con un centro bien definido, EEUU, y unos enemigos potenciales identificados y señalados. En el centro de todas las miradas, China y su comprobada, inquietante y poco leal voluntad de escaparse del abrazo occidental.

Europa podría lamentar falta de protagonismo, pero no deja de compartir este dibujo. Ni de colaborar a él. En términos defensivos y geoestratégicos, los propósitos y los actos de la Administración Obama tranquilizan mucho más a los europeos que las barbaridades de su predecesor. Escritor.

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