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«Escondía los libros en un armario con doble fondo»

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«Escondía los libros en un armario con doble fondo»

GUILLERMO MOLINER

En la España franquista los libros interesantes estaban prohibidos, pero hubo subversivos como Eduardo Beneyto (Milán, 1927) que se dedicaron a traerlos de tapadillo desde Buenos Aires, México o París. Gracias a esa epopeya contemporánea, se aireó la enrarecida atmósfera cultural de la época y nació una de las distribuidoras más potentes del país.

-Hablando en plata, usted fue un traficante de libros prohibidos.

-Mi oposición antifranquista fue a través de los libros. Monté un negocio con mi esposa, VILBEN -deVilaltayBeneyto-, que muchos lo leyeron comoVenta Ilícita de Libros Buenos Extranjeros y Nacionales.

-Un resistente.

-El escritor Jorge Semprún me definió en una dedicatoria como «el rey sin corona del libro prohibido».

-¿Qué libro prohibido tuvo entre manos ese rey?

-Probablemente fuePor quién doblan las campanas,de Hemingway. Pero eso fue antes de montar la empresa.

-¿Hubo un antes?

-Ya lo creo. A los 16 años empecé en la Librería Francesa, donde ya traíamos de Suramérica pedidos pequeños de títulos comoDemianyEl lobo estepario,de Herman Hesse.

-¡Dos novelas para quinceañeros!

-Eran libros gais. Luego, cuando se montó la librería Ancora y Delfín, en la que se nutrió lagauche divine, me vinieron a buscar como dependiente estrella. Y de ahí, me fui a la Hispano Argentina, desde la que vendíamos mucho libro prohibido editado en Buenos Aires. El Alberti del exilio, el Camus inencontrable, el Neruda perseguido... Al final me quedé yo el libro argentino en casa.

-En su casa, casa.

-Sí. Así empezamos mi mujer y yo. En el despacho tenía un armario con doble fondo y allí iban a parar laLolitade Nabokov,El diablode Giovanni Papini, cualquier título de Moravia... Alguna vez corrí a esconder la obra completa de García Lorca, sobre todo elRomancero Gitano.Pero quizá el momento más delicado fue con los libros de Ruedo Ibérico.

-La editorial fundada en París por cinco refugiados políticos.

-Su objetivo era restablecer la verdad histórica sobre la guerra civil. Uno de los primeros libros que sacó fueEl laberinto español,de Gerald Brenan y luegoLa guerra civil española,de Hugh Thomas, que hizo furor. Cuando uno de los correos tenía problemas, buscaba a otro. ¡Aquello era un tinglado de mucho cuidado!

-¿Se expuso mucho?

-Me camuflaba bien. Siempre me negué a ser el importador directo de Argentina. Me los hacía traer, a menudo sobornaba al inspector de turno y los vendía. También intentaba pasar desapercibido, no destacar.

-¿Y cómo sabía a quién vender?

-Si no conocía al cliente, no había libro. El sistema era el siguiente: tú le vendías a un amigo y aquel amigo llamaba a otro amigo y este, a otros.

-Una legión que hoy le rinde culto.

-Una forma de hacer la guerra contra una dictadura que lo prohibía todo. La lectura como liberación. Castellet siempre me decía: «Gracias a ti tenemos cultura en este país». Y también en Andorra, ¿eh?, donde hacía llegar los libros a través del presidente de la Federación de Esquí.

-¿Le han reconocido el esfuerzo?

-No mucho, no. Mis tres hijos, que ahora llevan la empresa, montaron un homenaje por mi 80ª aniversario y de las instituciones no vino ni dios. Y este oficio se ha hecho a base de mucho esfuerzo. Buscar, recoger, empaquetar, cargar con los libros en una maleta, facturar... Si el año tiene 52 jueves, 20 no los dormí.

-Habrá ganado dinero a paladas.

-Es el único negocio en el que nadie se vuelve millonario, pero en época de crisis siempre sacas un aprobado. La familia ha podido vivir, pero la gran satisfacción viene de fomentar el conocimiento.

-La llegada de la democracia le restó épica a la cosa, imagino.

-La empresa siguió con los títulos de las editoriales españolas. He tenido libros de todas ellas. ¡Y hay 3.000!

-¿De qué tiene usted fama en el mundillo libresco?

-De mal genio. El 40% de clientes que vinieron la primera vez dijeron que no volverían nunca más. Pero cuando no encontraban los títulos iban a parar a Beneyto.

-La cosa es que ahora no se lee.

-Se lee igual que antes. La prueba es que cuando sale un éxito, como la trilogía delMileniumde Stig Larsson oEl Código da Vinci,es inagotable.

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-¿Puedo saber que libros devora?

-Depende. Un díaEdipo Reyy otro, cualquier novedad.