Ir a contenido

apuntes

De políticos y actores: mentir o no mentir

Josep Maria Pou

Los políticos catalanes están en campaña, lo cual quiere decir que están en etapa de promoción y venta de entradas. Los políticos estrenan función y salen a la calle a venderla. Hay que llenar el teatro -léase, Parlament; léase, arcas del partido- y para ello todo es válido: que si mi función es mejor que la tuya, que si en la tuya el público se aburre y bosteza, que si en la mía el orgasmo está garantizado, que si en la tuya priman los mamporros… y así ad infinitum.

No voy a entrar ahora en el tópico de si los políticos son buenos o malos actores. No son, y basta. Otra cosa es si son o no buenos comunicadores, seductores, embaucadores, que algo de todo esto tiene el arte de la interpretación. Un actor es, por definición, un gran embustero. Un actor es un señor que sale a escena afirmando ser quien no es y el público le aplaude más y mejor en la medida que se sabe más y mejor engañado. El mejor actor será siempre el que mejor sepa mentir. Y eso -mentir- es lo que no debe hacer nunca un político. Ergo, el mejor político será siempre el peor actor. Aceptando, pues, que los oficios de político y actor son radicalmente opuestos - «mentir o no mentir, he ahí el dilema»-, lo cierto es que en ocasiones hay quien se siente tentado a invadir el campo contrario.

PRESIDENTE, GOBERNADOR, ALCALDE... /Gracias a la política, Ronald Reagan pasó de actor de reparto a cabecera de cartel: nada menos que presidente de los Estados Unidos. Hay que decir que, al igual que en sus películas, nunca tuvo muy buenas críticas. Arnold Schwarzenegger es ahora Gobernador de California. Clint Eastwood, republicano, fue tres años alcalde de Carmel, también en California. Glenda Jackson dejó en el 1992 su carrera de éxito (dos Oscar) por un escaño laborista en la Cámara de los Comunes. Joseph Estrada fue presidente de Filipinas del 1998 al 2001 abandonando una larga carrera de actor con casi 100 películas de protagonista. En el 1999 Gina Lollobrigida pretendió representar a Italia en el Parlamento Europeo y la aventura resultó un gran fracaso de taquilla.

A John Wilkes Booth, popular actor estadounidense especializado en William Shakespeare, no le hizo ninguna falta entrar en política; en realidad, no le hizo falta ni siquiera salir del teatro para pasar a la historia: el 14 de abril de 1865 asesinó al presidente Lincoln de un disparo en la cabeza en el mismo palco en que estaba viendo la función. De actor a magnicida. Nunca teatro y política estuvieron tan desgraciadamente unidos.

0 Comentarios
cargando