El turno

Berlanga y el surrealismo electoral

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Si convenimos que la mejor cualidad deLuis García Berlangaha sido acercar el surrealismo al discernimiento de la generalidad de las personas, debiéramos introducirlo en la campaña electoral catalana. Todo sería más comprensible.

Empecemos por el presidente del Gobierno. Este fin de semana ha revelado extraordinarios secretos: «El Papa no dicta las leyes en España». Sin embargo, le faltó decir que la diplomacia española fue incapaz de impedir las alegaciones históricas del Pontífice sobre la equiparación del «laicismo agresivo» con el de la segunda república. ¡Casi nada! Dos días antes de su llegada, el ministroRamón Jáureguiaseguró que la prometida ley de libertad religiosa no verá la luz en esta legislatura. Es cierto que el Papa no dicta las leyes, se limita a disfrutar que la Iglesia viva de los presupuestos del Estado y a conseguir que el Gobierno incumpla sus compromisos. Ahora, en Catalunya, toca dosis de laicismo. Pero estos mensajes acaban por marear al electorado y eso lo retrataría de forma magistralBerlanga, maestro en la exposición de quien afirma una cosa y hace la contraria.

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Pero el surrealismo no acaba ahí: hace cuatro meses, conMontillaa la cabeza, Catalunya no podía soportar el yugo del Constitucional: ni una palabra en la campaña; los problemas de la clase política son unos y los intereses de los ciudadanos otros; los políticos son tan poco previsores que piensan que en dos semanas se puede cambiar el reflejo de cuatro años: ¡agotador!

Artur Masse presenta como la solución siendo soberanista sin pretender la independencia; sin desvelar ni una de las cartas que tendrá que jugar si no logra la mayoría absoluta.Puigcercósinsulta al pueblo andaluz afirmando que no paga impuestos: ¿alguna aportación de cómo se puede salir de la crisis y alguna receta para que España ocupe un lugar en el mundo desarrollado? En realidad, esto es lo más parecido aLaescopeta nacionalcon un poco, muy poco,seny.