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Las elecciones del 28 de noviembre

Queda mucho por hacer

José Montilla

Estoy convencido de que conviene que la salida de la crisis la impulsemos los progresistas

En la legislatura que acabamos, con el Gobierno de Entesa que he tenido el honor de presidir, Catalunya ha alcanzado el máximo nivel de autogobierno, la mejor financiación y la máxima inversión pública del Estado en toda la historia. Eso son hechos, no palabras. Si la inversión per cápita de la Generalitat era de 365 euros en el 2003, el 2009 ha sido de 735 euros. En los últimos cuatro años hemos contratado a cinco maestras, tres mossos y dos médicos cada día. Hemos hecho 1.000 equipamientos públicos, entre los que destacan dos escuelas por semana. Hemos elaborado leyes tan importantes como la de educación, la de servicios sociales, la de salud pública, la del impuesto de sucesiones o la que permite recuperar el Área Metropolitana de Barcelona. Hemos inaugurado el primer tramo del canal Segarra-Garrigues, el aeropuerto de Lleida-Alguaire, 13 nuevas estaciones de metro; hemos garantizado el suministro de agua de boca en la región metropolitana de Barcelona, hemos seguido desplegando la ley de barrios hasta llegar a 100 barrios objeto de actuaciones de rehabilitación e integración social, hemos alcanzado importantes acuerdos con los agentes económicos y con los partidos de la oposición y hemos ayudado más que nunca a los ayuntamientos de Catalunya con independencia de su color político. En definitiva, hemos dejado un país mejor preparado para el futuro.

Ciertamente, el tiempo del tripartito ha pasado. No es posible que sigan gobernando juntas fuerzas políticas con proyectos tan diferentes, especialmente en lo que concierne al futuro del autogobierno de Catalunya. Los socialistas no estaremos en un Gobierno con los que pretendan convocar un referendo independentista o promover una dinámica de confrontación estéril con el resto de España que, además, dividiría a los catalanes, ni tampoco podremos ponernos de acuerdo con quien no esté dispuesto a emprender las reformas necesarias para salir de la crisis y mantener el Estado del bienestar y las políticas sociales.

La prioridad para la próxima legislatura es luchar contra la crisis. Habrá que seguir ayudando a nuestras empresas para mejorar su competitividad, su capacidad de innovación y su internacionalización. Habrá que seguir desarrollando una gestión rigurosa de las finanzas públicas y la mejora de la eficiencia y de la Administración. Habrá que seguir desarrollando políticas que aseguren la igualdad de oportunidades y la existencia de una red de solidaridad para personas y familias en dificultades.

No podemos resignarnos ante la realidad de muchos jóvenes en paro, con pocos estudios y ninguna esperanza. Por ello hemos movilizado y movilizaremos importantes recursos: becas-salario, microcréditos y bonificaciones a las empresas que los contraten. Tampoco tenemos que resignarnos ante la necesidad de impulsar el reciclaje profesional de muchos trabajadores en paro, especialmente en el sector de la construcción. Nosotros no nos resignamos ante la crisis. Sabemos que tendremos que hacer sacrificios y reformas, pero estoy convencido de que saldremos adelante y que conviene que la salida de la crisis la impulsemos los progresistas.

En estos días hemos visto las propuestas de la derecha. Las hemos visto en el Reino Unido con el plan de David Cameron que Mariano Rajoy quiere imitar y que Artur Mas hace tiempo que predica. Se trata de recortar gastos sociales, de reducir la Administración y de renunciar a mejorar las infraestructuras y los servicios públicos. Artur Mas y los suyos ya han dicho que hay hospitales que no habrían hecho, tampoco el aeropuerto de Lleida. Han dicho que promoverán la gestión privada de los servicios públicos y que quieren reducir la Administración un 20% o un 25%. Aún no dicen cuántos maestros, mossos y médicos quieren despedir. Eso lo dirán, como David Cameron, si llegan al Gobierno, no antes.

El riesgo de una victoria de CiU es doble. Por una parte, supondría dar pasos atrás en las políticas sociales. Y, por otra parte, supondría una gran incertidumbre sobre nuestras relaciones con el resto de España. Artur Mas dice que votaría a la independencia, pero que ahora no es el momento. No descarta pactar con los que proponen el concierto y el referendo independentista, pero tampoco descarta pactar con el PP, que ha recurrido nuestro Estatut y que pone todo tipo de obstáculos a la lengua catalana. ¿Podemos fiarnos de alguien a quien le da igual pactar con ERC que con el PP? ¿O de alguien que cuando es requerido a dar explicaciones ante la justicia por supuestas irregularidades cometidas por su partido se dedica a acusar a la fiscalía de entrar en campaña? Yo creo que no.

Todas las encuestas nos dicen que la participación el 28 de noviembre será muy baja. Hay quien pronostica que no votará ni la mitad del electorado. Espero que no sea así. El futuro de Catalunya requiere la participación y el compromiso de todo el mundo. Yo espero contribuir a movilizar a una mayoría de catalanes y catalanas en defensa del autogobierno, en defensa de las políticas sociales y por una salida progresista de la crisis. Para garantizar el mejor futuro para las familias de Catalunya.

President de la Generalitat.