30 sep 2020

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La rueda

Ahora que la Sagrada Família ya está acabada

Joaquim Coll

El provocador y lúcido Oriol Bohigas ha calificado de «marranada arquitectónica» la continuación de los trabajos de ampliación de la Sagrada Família. El latigazo crítico no es ninguna novedad. La diferencia es que 30 años atrás nadie creía posible culminar esta obra y hoy, en cambio, la novedad es que la basílica, gracias a los ingresos del turismo, ya está acabada. «Si las obras del templo se parasen ahora no pasaría nada, se podría hacer culto permanente durante siglos», afirma su arquitecto director, Jordi Bonet. Por eso viene el Papa, para consagrar un nuevo templo. A partir de la consideración de que la Sagrada Família ya está acabada es cuando, pienso, urge reabrir tan viejo debate. Porque, fijémonos bien, no se trata de un templo cualquiera, sino que está proyectado para ser en 10 años la iglesia cristiana más alta del mundo, por encima de las catedrales de Ulm, Ruán o Colonia. Con la excusa de proseguir la obra de Gaudí, logrando tan solo una pobre imitación, no se busca otra cosa que la hegemonía simbólica del catolicismo.

¿Es lógico que, en el siglo XXI, en una sociedad regida por el principio de la laicidad, señoree una iglesia redentora? La Sagrada Família fue concebida como un templo expiatorio de los pecados de una ciudad cada vez más descreída. Hoy, más que nunca, Barcelona es para el catolicismo militante uno de los focos de propagación del neopaganismo en Europa. Y es para combatir esto para lo que también viene el papa Ratzinger. La pregunta que ahora nos hemos de formular es si queremos consentir que el skyline de la ciudad sea redibujado por una torre de 170 metros de altura, coronada con una colosal cruz, que se verá desde cualquier punto de la metrópolis. De forma incomprensible, este proyecto se encuentra en un limbo legal: no dispone de ningún permiso administrativo pese a su considerable peso, su impacto urbanístico y su volumetría ciclópea. La Generalitat podría parar las obras en cualquier momento. Ahora que la Sagrada Família ya está acabada para el culto, convendría un debate civilizado que venciera a la desidia y evitara este descomunal despropósito arquitectónico.