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La consagración de la Sagrada Família, símbolo mundial de Barcelona

Visita poco polémica

Xavier Bru de Sala

El Papa actual es el protagonista y el motor del giro de la jerarquía de la Iglesia católica

BBarcelona, archivo de cortesía, se prepara para recibir a uno de los personajes más relevantes del mundo. Viene a consagrar el templo de la Sagrada Família, icono rey entre iconos. A pesar del despotismo intelectual de los ilustrados, el templo llegará pronto a la cima de la identificación mundial como símbolo de la que fue rosa de fuego. Según el mundo, la Sagrada Família es en Barcelona como la torre Eiffel en París. Sin rival. No lo hemos elegido, no lo hemos votado ni calibrado, sino que se ha impuesto, no tanto por gracia divina como por pisar la cabeza de la serpiente progre. A los demás ya les parece bien y sería tan inútil oponerse como pretender llevar la montaña de Montserrat al mar a fuerza de empujones. Mejor será que los herederos de los comecuras, que tantas atrocidades cometieron, se lo tomen con una saludable y distanciada ironía. Y con educación. Ante todo, ante todo, sin hacer el ridículo.

Dicho esto, no querría de ninguna forma ingresar en el coro de los que prohíben el desacuerdo. Fuera anatemas, vengan de donde vengan. La libertad de expresión, nunca mejor dicho, es sagrada. No hay que haber leído a Tocqueville para luchar siempre contra la tendencia irrefrenable de los consensos a ahogar la disidencia. En nombre del pluralismo, discrepancia cordial con los manifestantes, si es que no cambian de idea y llegan a manifestarse. Si es su deseo, que se expresen, mientras sea con civismo.

Es conveniente en este punto trasladar, no urbi et orbi, sino a los lectores bien reencontrados en este periódico después de 15 años, la previsión de que este viaje será todo un éxito. Comparado con el de Benedicto XVI en Inglaterra el mes pasado, rodeado por la polémica de la pederastia, lo de Barcelona es un paseo. En Londres habían acudido exprofeso víctimas de abusos sexuales de todo el mundo. El Papa dio la cara y de hecho encabeza el giro más copernicano del Vaticano: del ocultismo tolerante a la persecución y la erradicación de ese horror.

Además de apacible, atento y ciertamente valiente, puede predicarse de este Papa que es el protagonista y motor del giro de la Iglesia, primero a la sombra de Karol Wojtyla y después a pecho descubierto, del giro tradicionalista y ortodoxo de la jerarquía católica. Callan o murmuran en voz queda, catolicismo obliga, pero los primeros descontentos con la ideología papal son hermanos en la fe y sus súbditos espirituales. La depuración interna es implacable. En Catalunya, la sensibilidad cristiana mayoritaria conecta muy poco con la jerarquía, no demasiado pluralista, seleccionada por el intelectual de primer nivel y aun así férreamente pragmático Joseph Ratzinger. Pocos son los obispos y menos los cardenales que no han contado con su visto bueno antes de ser nombrados. En consecuencia, no es nada de extrañar la incomodidad de muchos fieles y religiosos. Aunque no aflore, está, y no mengua, sino que crece.

Ahora bien, quienes se pregunten sobre la vigencia de la fe, de la creencia en el más allá, de las religiones en el mundo de hoy, tendrán que responderse que ocupa y ocupará un espacio de gran relieve, tanto a nivel personal como colectivo. Por mucho que se esfuercen, la fe no será nunca vencida por la razón, del mismo modo que las emociones también campan a sus anchas y a menudo juegan con la razón, si no es que la subyugan. Quizá los racionalistas no hemos perdido la batalla, pero la perderán los que no incorporen la esfera de las emociones y las creencias a su concepción del ser humano. Sin ir más lejos, se equivocará quien no considere que es por la fe, no por la razón ni la emoción, por lo que Gaudí se convirtió en un genio.

En fin, puestos a bordear heridas sin llegar a tocarlas, como corresponde a la actitud de no beligerancia en este territorio, un apunte sobre Benedicto XVI y Cuba. Han pasado 10 años desde el viaje de su predecesor. Acaba de regresar de allí el cardenal Bertone, secretario de Estado y mano derecha del Papa. Parece que Ratzinger se dispone a volver, a pesar de que los católicos del exilio se rasguen las vestiduras y los disidentes encarcelados se condenen a más mazmorras. Es Roma, no los ex, los cripto o los neocomunistas, la que mejor defiende el fin de las sanciones y la normalización de relaciones con Cuba. ¿Por qué el Vaticano, tan implacable y severo en sus condenas, es tan tolerante con la dictadura cubana? ¿Quizá los hermana la alergia al pluralismo? Dios me libre de insinuarlo. Es pragmatismo, resistencia de frente común a la penetración de la herejía protestante desde Norteamérica. Más sufren los derechos humanos en China o en Rusia y nadie se acuerda de ello. ¿Por qué Cuba tiene que pasar por el aro y China no? Quizá Cuba y el Vaticano sintonizan porque son pequeños y resisten contra la adversidad exterior.

Algunas cosas podemos aprender de este Papa, nosotros que también somos pequeños. Para empezar, a no confundir pequeñez con nimiedad. Después, que la determinación también mueve montañas, sobre todo si va unida a la fe sobre la bondad de los propios designios y va sazonada con una pizca y un brote de inteligencia. Escritor.

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