01 abr 2020

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El turno

Rosell o la moral mal entendida

J.M. Terricabras

La directiva presidida por Sandro Rosell propuso a la asamblea de compromisarios -y esta lo aceptó- llevar a los tribunales a la anterior junta de Joan Laporta. No hay acusación propiamente penal, sino demanda de responsabilidades administrativas y de gestión.

Ya se ha hablado mucho del tema y no entraré en si la demanda es justificada o no, porque desconozco los detalles. Sólo me referiré a dos puntos del procedimiento utilizado por Rosell. Según él, los compromisarios estaban ante la decisión social más importante y más difícil de la historia del Barça.

Primera reflexión. Resulta extraño que tamaña decisión se pretenda que la tomen en poco tiempo unos compromisarios y que la junta que ha podido estudiar el caso con calma no sea capaz de tomarla directamente. Y aún resulta más extraño que el presidente vote en blanco su propia propuesta. ¿En qué quedamos? ¿Es grave o no es grave lo que ha hecho la junta de Laporta? Rosell no lo sabe (se abstiene), ¿y pretende que lo sepan los demás?

Segunda reflexión. Si la abstención del presidente no fue por ignorancia, sino porque tenía un conflicto moral, la cosa aún es más extraña: ante un conflicto moral, se debe tomar una decisión, por difícil que sea. La abstención moral es grave, porque es grave ser moralmente neutral. Si alguien puede serlo, o bien es irresponsable o bien reconoce que, en realidad, se trata de una cuestión menor, irrelevante. Pero entonces no debe presentarla como si tuviese una gran trascendencia.

Las tensiones morales hay que resolverlas precisamente cuando más hacen sufrir. La persona que se toma la moral seriamente sabe que hay que decidir y que debe asumir -tal vez con pesar- las consecuencias de su decisión. No decidirse, pero pedir a los demás que decidan por ti, no es una muestra de más moralidad, sino una mala muestra de poca claridad de ideas y de indecisión moral.